Ansiedad social. ¿Qué es y cómo se manifiesta?

Ansiedad social

Ana está avergonzada y ansiosa. Cada año su clase del instituto organiza una cena para reunirse y ver cómo les va la vida. Pero cada vez que piensa en ir a una cena con un grupo de amigos, sobre todo si son de la infancia y no los ve hacía tiempo, empieza a sentirse muy nerviosa e incómoda.

Intentó ir a la primera quedada, pero se pasó una semana con problemas para dormir. En la cabeza le daba vueltas al momento en el que ella aparecía y todos se quedaban mirando. Pensaba en lo que pensarían todos de ella, en los juicios que harían. Y se veía incapaz de ir al encuentro.

Se imaginaba sentada en la silla con la cara roja, sudando, con palpitaciones y sin aire. Ya le había pasado en otras muchas ocasiones. Así que, al final, aunque tuviese muchísimas ganas de ver a sus amigos, el miedo le ganaba la batalla y se quedaba en casa.

En casa se sentía tranquila y segura, pero triste porque no entendía por qué le ocurría eso y no sabía cómo superarlo.

Los síntomas de Ana son característicos de la ansiedad social o fobia social. Es decir, miedo a situaciones sociales en las que podemos sentirnos evaluados o pasar situaciones de vergüenza.

¿Qué es la ansiedad social?

Se calcula que más o menos un 40% de la población padece ansiedad. Y entre un 3 y un 13% padece miedo a situaciones sociales.

La ansiedad social se caracteriza por:

  • Ansiedad anticipatoria ante el pensamiento de situaciones sociales.
  • Miedo intenso a las evaluaciones de los otros, las críticas y los juicios.
  • Baja autoestima
  • Recreación en la mente de situaciones embarazosas donde quedaremos en ridículo y pasaremos vergüenza.
  • En ocasiones, miedo a enrojecer (eritrofobia) y miedo a temblar.
  • Evitar reuniones sociales o lugares con mucha gente.
  • Evitar hablar con personas que consideran figuras autoritarias o de poder como profesores o jefes. En ocasiones, también desarrollan fobia a figuras autoritarias con uniforme.
  • Pueden surgir dificultades para relacionarse con el sexo opuesto por miedo a no gustar y a pasar vergüenza. Esto conlleva, a veces, problemas para encontrar pareja y para las relaciones sexuales.
  • Evitación de situaciones sociales o de encuentros donde se exponga al peligro del juicio o de pasar vergüenza.

La ansiedad social se caracteriza sobre todo por miedo a ser juzgado por los demás. Ante este gran temor, la persona que padece ansiedad prefiere no enfrentarse a situaciones sociales para no padecer los terribles síntomas de la ansiedad.

La ansiedad, en realidad, es un mecanismo de supervivencia. Aunque se haya convertido en el gran mal del siglo XXI, la ansiedad es indispensable para la supervivencia en la naturaleza. Ante una situación de peligro o amenaza, nuestro organismo activa un protocolo para salvar la vida. Hace que nuestro corazón lata más rápido, que nuestra sangre circule más deprisa, que nuestros músculos estén alerta para huir o luchar ante la amenaza que nos acecha. Nos proporciona las herramientas físicas para reaccionar a la amenaza rápida y eficazmente.

Pero cuando los síntomas de ansiedad nos generan malestar porque nuestra mente ve peligros y miedos donde no debería… empieza la pesadilla. Eso es lo que ocurre cuando padecemos ansiedad social.

Nuestra mente ve como una amenaza cada situación social. Somos seres sociales, por lo tanto, cada día nos enfrentamos a un gran número de momentos que implican relacionarnos con los demás. Para alguien con fobia social, la vida empieza a parecer una verdadera tortura.

Entrevistas de trabajo, encuentros con amigos, citas, clases muy concurridas, fiestas con amigos y conocidos, e, incluso, el más íntimo e inofensivo de los encuentros sociales se convierten en retos imposibles de superar sin que el miedo te paralice.

El problema: el miedo puede llegar a controlarnos

Si dejamos que este gane a nuestra capacidad de afrontamiento y a nuestras ganas por vencer a la ansiedad pronto nos convertiremos en esclavos de nuestro miedo a las situaciones sociales. Nuestra vida se convertirá en evitar todo aquello que se nos vayan presentando día tras día. Así, nos iremos encerrando en nosotros mismos.

Quedarnos en la zona de confort no hará más que acrecentar la ansiedad. Nosotros pensamos que estamos más cómodos, pero en la zona de seguridad nuestros miedos nos dominan. Y nuestra autoestima se hace más pequeña. Hasta que al final tenemos tanto miedo que no nos vemos capaces de asumir pequeños retos y nos sentimos encerrados y desesperados.

La buena noticia es que la ansiedad social no es para siempre, tiene solución.

¿Cómo se manifiesta la ansiedad social?

Físicamente, la ansiedad social tiene diversos síntomas:

  1. Dificultad para respirar cuando estamos en situaciones sociales o nos sentimos evaluados.
  2. Enrojecimiento. A veces solo en la cara y a veces el enrojecimiento afecta también a la parte superior del pecho, hombros y brazos. Este puede no ser uniforme y aparecer en forma de manchas rojas y antiestéticas. A veces esta situación hace que el paciente se acompleje tanto que desarrolle miedo a ponerse rojo o eritrofobia.
  3. Sudor en manos y cara.
  4. Temblor en las manos.
  5. Ganas de orinar con mucha frecuencia.
  6. Problemas gastrointestinales.
  7. Confusión. Incapacidad para tomar decisiones. Incapacidad para concentrarse en una conversación. Alienación y despersonalización. Sensación de que está fuera del cuerpo y lo ve todo desde fuera.
  8. Agarrotamiento muscular, contracturas, dolor en alguna zona como las cervicales y los hombros por adoptar postura defensiva.
  9. Insomnio o hipersomnio. Dormir poco o dormir demasiado.
  10. Hipervigilancia.
  11. Ansiedad anticipatoria.
  12. Taquicardia.

A nivel cognitivo, puede que nos asalten pensamientos negativos como que no seremos capaces de afrontar con éxito una determinada situación social o que todo el mundo sabrá hacerlo bien menos nosotros.

La edad media a la que la ansiedad social se manifiesta es alrededor de los quince años. En la adolescencia. No todo el mundo es igual de sensible al estrés y la adolescencia es la etapa en la que empezamos a construir nuestras relaciones sociales y nuestra personalidad. Las relaciones con los que nos rodean son indispensables para la formación de nuestra propia personalidad. Aquí puedes leer más sobre ansiedad por separación.

En esa etapa, la persona con ansiedad social siente mucho malestar y no sabe cómo canalizarlo. Normalmente no dice nada y sigue padeciendo en silencio.

Años después, cuando ya no puede soportarlo más o la fobia social actúa de freno en su vida impidiéndole conseguir las metas que se había propuesto, lo más eficaz es que las personas con fobia social decidan acudir a un especialista y pedir ayuda.

La ansiedad social se caracteriza por un gran miedo, también, a tomar decisiones, por lo que si tienes fobia social puede que tardes bastante tiempo en decidirte a consultar con un psicólogo tu problema. Quizás antes busques por Internet otras opiniones e, incluso, consultes en foros donde otras personas con tus mismos síntomas hablen de cómo lo superaron. No te preocupes. El primer paso es reconocer que hay un problema y querer solucionarlo.

Pedir ayuda y superar poco a poco la ansiedad

Pedir ayuda es el primer paso para iniciar una nueva vida sin miedo, por tanto no dejes que el miedo controle tu vida, coge las riendas de tu presente y de tu futuro dejando atrás el pasado.

#1.- Habla de lo que te pasa

Te costará al principio, porque seguramente nunca habías hablado de tu problema con las relaciones sociales. Pero da un paso y habla de ello. Hablar de lo que te pasa no solo te liberará, sino que te dará la clave para comenzar a superarlo. Si puedes y te sientes preparado, habla con alguien cercano y comparte tus miedos e inquietudes. Es increíble el efecto terapéutico de una conversación con alguien querido sobre lo que nos preocupa.

#2.- Sin prisa, pero sin pausa

No pretendas que el miedo y la ansiedad desaparezcan de hoy para mañana y ve enfrentándote a las situaciones sociales que te dan miedo poco a poco. Hacerlo de golpe solo creará en ti más ansiedad. Así que, paciencia. Con ayuda y la orientación de un profesional poco a poco te irás enfrentando a situaciones sociales y ganarás confianza en ti misma. Y eso te hará tener más autoestima y ser más fuerte para alcanzar tus nuevas metas.

#3.- Apúntate a alguna actividad social

Busca alguna actividad física que también implique interactuar con otras personas. El deporte ayudará mucho a disminuir tu ansiedad y, si además es alguna actividad social como bailar, poco a poco ganarás confianza.

#4.- Respira

Sí, puede que lo veas algo obvio y sencillo, pero aprender a respirar te cambiará la vida. Practica ejercicios de respiración abdominal o diafragmática para recuperar la calma y equilibrarte. Aprende a respirar para controlar el estado de ansiedad y el miedo que produce. La meditación también puede ser una gran aliada para trabajar los pensamientos negativos y convertirlos en positivos.

Una vez tengas identificado el problema y decidas pedir ayuda irás saliendo poco a poco de la zona de confort para volver a sentirte tranquila y disfrutar de los momentos compartidos. Aquí puedes realizar un test de ansiedad para que reflexiones sobre tu momento actual.

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