Cansancio. ¿Cómo controlar sus efectos?

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¿Te sientes agotada y con poca energía? ¿Sufres de agotamiento y debilidad física y mental casi de forma permanente? ¿Duermes pero no descansas y te cuesta mucho salir de la cama cada mañana? ¿Has perdido el buen ánimo para encarar cada nueva jornada y su rutina? ¿Adviertes que ya no encuentras plena motivación en el trabajo y/o en tus tareas maternales y domésticas? ¡Atención! Puedes estar padeciendo los síntomas del estrés, caracterizado por un estado de cansancio mental y físico.

El estrés: mecanismo natural

Vale aclarar, en primer lugar, que el estrés es parte de la vida misma. Se trata de un mecanismo normal mediante el cual nuestro cuerpo se prepara para enfrentar las situaciones cotidianas: el ámbito laboral y sus exigencias, el pago del alquiler y los impuestos, los horarios y las obligaciones, los deseos de superación personal, un nuevo estudio, la casa y los niños… Es una reacción mental y física que, de no existir, nos tendría a todos de hombros caídos y con los pies arrastrando. Es nuestro modo «activo» y «alerta» de estar en este mundo con la resistencia necesaria para hacer frente a las nuevas situaciones que nos presenta el diario vivir.

Cuando nos sentimos cansados, por lo general, damos al “agotamiento” o “extenuación” una connotación negativa cuando, hay que saberlo, incluso las circunstancias más maravillosas de la vida pueden llevarnos al borde de un ataque de nervios. Un ascenso laboral, los preparativos de tu boda o tu licencia por maternidad son hechos positivos que, sin embargo, si no logras gestionar las emociones que te generan, pueden llegar a debilitarte. En algunos casos se puede observar cómo la mente puede engañar al cuerpo y provocar dolor psicosomático o malestar sin ninguna explicación. Por ello es fundamental aprender a gestionar las emociones y a darle a cada situación la importancia que requiere.

Entonces, recordemos: el estrés es normal. Pero, cuidado: cuando las demandas internas (una asignatura pendiente) o externas (tu boda), reales (la cuota de la hipoteca) o imaginarias (la creencia de que tu jefe quiere despedirte), superan tu capacidad de respuesta apropiada, el estrés normal se transforma en distrés o en el llamado “estrés malo”. Aquí, en este nivel de debilidad física y psíquica, ya no respondes adecuadamente ni te recuperas rápido, sino que permaneces en estado deficitario, evidenciando falta de esperanza y optimismo, fatiga mental, ganas de dormir todo el día o, por el contrario, insomnio, entre otras señales de alarma.

Ante los primeros indicios, lo más adecuado es acudir a una cita con tu médico e informar sobre tu padecimiento. Si después de un chequeo exhaustivo no surge un diagnóstico certero (un desajuste hormonal, por ejemplo), es decir, se descarta que estés cursando una enfermedad (un hipotiroidismo podría cuadrar con los síntomas), lo más probable es que estés agotada. Esto no significa que tu estado de salud sea óptimo, sino que deberías actuar rápido; antes de que ese malestar general, por acostumbrado, se torne crónico y desencadene patologías serias, en el corto, medio o largo plazo.

Algunos síntomas del cansancio crónico

#1.- Cansancio crónico: Debilidad física y emocional

Agotamiento que, en apariencia, no tiene justificación. Quizá andas por la vida como en piloto automático y, de repente, de la noche a la mañana, lo normal se torna cuesta arriba y la rutina se vuelve una misión imposible. Podría ser producto de un estrés fuerte sostenido en el tiempo que ha derivado en un desbarajuste corporal y mental.

#2.- Cansancio crónico: Fatiga mental

Impacta directamente en tu calidad de vida. Es la sensación de que no puedes con nada; ni con los niños, ni con tu rol de esposa, ni con tus tareas… ¡No puedes y ya! Lo nimio se hace complicado y todo te supera.

#3.- Cansancio crónico: Falta de motivación y de optimismo

Cambia tu percepción de la realidad; el cerebro no funciona como siempre. Tú no respondes a lo cotidiano a tu estilo, sino con una expectativa negativa. ¿Qué significa? Si estás en pareja, puedes empezar a sospechar que te engaña; si tienes trabajo, crees que podrías perderlo en cualquier momento; te juzgas como mala madre o como mala hija… Es como si anduvieses por la vida con gafas negras que nublan tu visión y hacen que veas todo mal. Y recuerda: «la vida no es lo que sucede sino lo que creemos que sucede». Por ello, si crees que todo va mal, inevitablemente, todo irá de mal en peor.

#4.- Cansancio crónico: Mayor sensibilidad

Lloras por nada. Te sientes vulnerable al máximo, incapaz de encarar las novedades que, a diario, te presenta la vida. Todo te desborda y te hace sentir pequeña e impotente.

#5.- Cansancio crónico:Insomnio

Tienes tantos pensamientos en la cabeza, que no puedes conciliar el sueño por la noche. En consecuencia, vas hecha un zombie durante el día. Hay quienes, en cambio, duermen horas y horas, aunque no recuperen la vitalidad y la fortaleza mental para salir de casa a «comerse el mundo».

#6.- Cansancio crónico: Pérdida de energía

Lo simple se vuelve una actividad compleja, que te exige más de lo que puedes dar. Falta de placer en las actividades que, en otro momento, resultaban placenteras (los paseos con los hijos o sobrinos, las salidas con amigas, el sexo). No tienes fuerza ni para levantarte de la cama.

#7.- Cansancio crónico: Pérdida de la memoria y desgaste psíquico

Tu mente no procesa bien. Baja tu rendimiento en las tareas hogareñas y/o profesionales. Olvidas lo que debes comprar en el mercado, no felicitas a tu marido por el aniversario de casados y pasas por alto la fecha de cumpleaños de la querida suegra (error fatal). Aquí puedes leer más sobre el estrés laboral.

#8.- Cansancio crónico: Sensaciones y síntomas corporales

Si bien un análisis de sangre no registra anomalías, y el chequeo médico ha ido bien, sufres, entre otras cosas, de palpitaciones, problemas digestivos (el síndrome de colon irritable es muy frecuente) o de un rápido aumento o pérdida de peso (está la mujer que traslada sus preocupaciones a la ingesta de alimentos, y la que las canalizan a través de la pérdida del apetito y el ayuno).

¿Cómo combatir los efectos del estrés en tu vida?

Debido a que la salud es un equilibrio que, si no lo cuidas, se desalinea y va hacia la enfermedad, debes volver a tu eje aumentando lo bueno y reduciendo lo malo, para controlar los factores desencadenantes del estado que te aqueja. ¿Cómo combatir el estrés? Es sencillo, presta atención.

Hay que aumentar

Todo lo que hace bien a tu cuerpo físico y emocional. En primer lugar, las horas de sueño. Procura dormir lo suficiente (de siete a ocho horas diarias, por la noche). Incorpora desafíos mentales: sopas de letras o sudoku, el aprendizaje de un segundo o tercer idioma o un nuevo hobby.

Viaja más. ¡Sí! Viajar es el mejor modo de desconectar de la rutina que, por momentos, puede tornarse tóxica. Hidrátate más y mejor: a base de agua mineral exclusivamente. Cuídate en las comidas y apuesta a una dieta variada en colores, texturas y sabores. Practica un deporte o haz ejercicio físico al menos una media hora al día. Ante una situación estresante o de máxima exigencia, respira profundamente, practica la relajación y tómate cinco minutos para reflexionar y pensar los próximos pasos.

Multiplica tus espacios propios: salida con amigas, al cine, clase de zumba, concierto de tu cantante favorito, entre otros. Aunque seas una profesional ocupada y/o una madre todo terreno, tienes derecho a media hora exclusiva al día, aunque no figure en la Constitución Nacional. Pasa más tiempo al aire libre y menos horas encerrada entre las cuatro paredes de tu habitación u oficina. De no poder evitarlo, airea y humidifica bien los ambientes en los que permaneces más horas al día.

Deberías reducir

Aquello que te desgasta y te agota. En principio, es hora de poner un pie en el freno de tu rutina y bajar la tensión y las revoluciones. Esto se traduce en: alguna hora menos de labor, menos obligaciones, menos demandas… Intenta relajar tu mente y reducir también, tus mandatos internos (eso de “debería hacer”, “debería ser”, etcétera). Esto es fundamental para controlar el malestar que pueden producir las consecuencias del estrés.

En segundo término, controla el consumo de azúcar refinada y pronto notarás la diferencia (te sentirás con más energía disponible). Baja a cero tu consumo de comida basura (comida rápida) y de bebidas gasificadas. Elimina de tu vida la nicotina y el alcohol, entre otras drogas legales (ansiolíticos mediante auto-medicación) e ilegales.

Reduce al mínimo el tiempo que pasas con gente “tóxica”, que te desgasta y logra sacar lo peor de ti. Minimiza tus autocríticas: ya no más aquello de “soy fea”, “estoy gorda”, “mi carrera no avanza” o «mis hijos no me valoran». Quita de tus días los «no puedo», «no soy capaz», «no sirvo para». Verás que la vitalidad vuelve a tocar a tu puerta. Esta vez, ¡no la dejes ir!

Por último: tenlo muy presente

El cansancio de hoy es tan solo un aviso. El cuerpo, entendido de manera integral (mental y corporal), enciende señales de alarma. Si no las atiendes, podrías enfermar de una forma más grave. No te quedes de brazos cruzados: consulta a un médico, descarta males mayores y ocúpate de realizar algunos cambios de hábitos. Verás cómo, en cuestión de días, comenzarás a sentirte mejor y con más fuerza para enfrentar lo diario con entusiasmo y fe en el futuro.

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