Coaching personal. ¿Cómo puede ayudarte?

Coaching personal

Cada vez son más numerosas las personas que deciden recurrir a la ayuda de un profesional del coaching personal. ¿A qué se debe este fenómeno? No se trata de que nuestra salud mental como sociedad sea cada vez más frágil: lo que un coach trata no es una patología o un trastorno psicológico.

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Sin embargo, hay algo que es innegable. Cada vez somos más conscientes de que las incomodidades que sufrimos en nuestro día a día relacionadas con nuestro entorno (social, laboral, familiar…), se nos presentan como anomalías de las que podemos librarnos si seguimos los métodos adecuados para ello. Por ejemplo durante un proceso de coaching empresarial, la persona evoluciona en su propio proceso de aprendizaje a través de preguntas realizadas por el coach que actúan como un marco de luz en su interior.

Dicho de otra forma: si bien cada vez son más frecuentes los sentimientos de ansiedad, de frustración o de falta de autoestima (solo por poner algunos ejemplos), esto significa que cada vez somos más conscientes de esos sentimientos como problemas indeseables que se pueden y se deben aspirar a paliar, y no como afecciones inevitables.

Sin embargo, gran parte de estos sentimientos no significan otra cosa que una percepción distorsionada de uno mismo y de su relación con el mundo que lo rodea y con el que se relaciona cada día. Pero, ¿qué es un coach? Es una persona que se involucra hasta tu mismo nivel con tus objetivos o con aquello que quieres cambiar en tu vida. Te ayuda a lograrlos de todas las maneras posibles.

La labor de los profesionales del coaching personal consiste, fundamentalmente, en corregir esos errores de percepción, en ayudar a quien los sufre a recobrar una sana opinión de sí mismo, de sus capacidades y de su potencial, en ayudarle a encontrar y definir sus objetivos y, finalmente, en dotarle de la fortaleza mental y la resiliencia que necesita para alcanzarlos.

Un profesional del coaching personal, en suma, potencia el bienestar de sus clientes, ayudando a gestionar preocupaciones y obstáculos. Se trata, pues, de afecciones como el miedo al fracaso, la indecisión, la inseguridad, la dependencia, el pesimismo, la sensación de debilidad y vulnerabilidad…

¿En qué me ayudará un profesional del coaching personal?

Es un error común, y uno de los más dañinos, ignorar el problema o asumirlo como algo inevitable, «incurable» o, peor aún, un rasgo más, aún negativo, de la propia personalidad. Entonces, quien sufre se avergüenza de su sufrimiento o lo oculta, percibiéndolo como una debilidad imperdonable, una tara sin cura o, en el peor de los casos, una falta.

Son estas afecciones por las que prácticamente cualquier individuo ha pasado y cuyos efectos negativos ha sufrido; la diferencia entre cada uno de ellos residirá en la forma de que, en su momento, cobrara consciencia de ellas, de la influencia negativa que ejercían en su forma de conducirse en la vida y de la mejor forma de sobreponerse a ellas.

Relación coach- cliente

Los expertos del coaching personal siempre inciden sobre un factor fundamental en la comunicación entre coach y cliente: la sinceridad completa por parte del último, tanto frente a su coach como ante sí mismo y ante sus allegados. Es evidente que un obstáculo no desaparece por más que uno pretenda actuar como si este no existiera. El reconocimiento del problema como raíz del sufrimiento es, pues, un pilar fundamental para abordar el primero y, como consecuencia, aliviar o paliar el último.

Otro de los factores primordiales en el proceso emprendido por el coach personal consistirá en enseñar al paciente a dejar de boicotearse a sí mismo en su camino hacia sus objetivos. Estos objetivos a veces son negados, e incluso se renuncia a ellos, como consecuencia fatal del boicot perpetrado por parte del cliente contra sí mismo.

En la mayoría de los casos, este boicot adopta como forma una sobredimensión de los fracasos o los defectos propios y una minimización de los méritos. El paciente se concibe a sí mismo, en estos casos, como un amasijo de pecados, vicios y defectos que, si ha logrado algo, no es sino por la ayuda (inmerecida, en la mente del paciente) de terceros, por la suerte o incluso por el engaño, la mentira y la vileza.

El coach, en estos casos, asume como misión el enseñar al cliente, con toda claridad, lo equivocado que está y lo dañina que le resulta esa opinión para alcanzar cualquier objetivo que pueda proponerse en el momento de la terapia, que se haya propuesto con anterioridad a ella o que pueda proponerse en un futuro. El paciente debe aprender, pues, a verse a sí mismo como a alguien merecedor de todo aquello que se le confía o se le regala, de lo que logra o de lo que consigue.

Esto implica, por otra parte, poner fin a la dependencia sufrida con respecto a otros o respecto a los mantras con los que el paciente ha estado «machacándose» antes de la terapia: el cliente debe aprender a verse a sí mismo y, como consecuencia, a actuar como un individuo capaz, independiente, autónomo, cuya voz y cuya acción tienen suficiente valor y legitimidad por sí mismas.

Salir de la zona de confort

Esta emancipación es el máximo exponente de lo que habitualmente se denomina «salir de la zona de confort»; y es que la autocrítica permanente y desproporcionada, y la infravaloración de uno mismo, resulta muchas veces sorprendentemente cómoda: al tiempo que el paciente se convence a sí mismo de su incapacidad para emprender y lograr nada, renuncia a su auténtico potencial para ello y, con él, al esfuerzo y (conviene reconocer esto de forma abierta y explícita) a la posibilidad de equivocarse. Téngase en cuenta, por otra parte, que la posibilidad de equivocarse es, al mismo tiempo, la capacidad de sobreponerse, y que renunciar a una supone renunciar también a la otra.

El mayor enemigo de los profesionales del coaching personal es, de esta forma, la inseguridad; esta última suele adoptar como forma, aparte de la dicha en los anteriores párrafos, la indecisión. Ante una disyuntiva o una posibilidad múltiple, el paciente se ve a sí mismo a menudo como incapaz del buen juicio y el razonamiento necesarios para tomar la decisión: por consiguiente, no llega a tomar ninguna decisión y se queda estancado, renunciando al progreso, al avance y seguir el camino hacia sus objetivos finales.

Toma de decisiones

El coaching personal ayudará a quien padezca esto a, en primer lugar, reconocerse a sí mismo como individuo capaz de decidir, actuar y retractarse si se equivoca; y en segundo lugar, a delimitar sus objetivos vitales, a contar con la decisión y la entereza necesarias para trazar los mejores caminos hacia ellos y a seguir los dichos caminos.

Una de las herramientas claves en esto es la propia intuición: el paciente deberá aprender no solo a afinar su intuición, sino también a confiar en ella y, en definitiva, a confiar en sí mismo como el mejor timonel de sus propios proyectos.

Por último, diremos que otro de los errores más habituales en quienes precisan de los servicios de un experto en coaching personal es el compararse con los demás constantemente. Por supuesto, y como ya se ha apuntado más arriba, en esta comparación siempre es quien la hace el que sale peor librado. Pero esto sucede únicamente porque la comparación se obra como una forma más de autocrítica exagerada, de disminución imaginada de las propias capacidades y de sobredimensión de las dificultades ofrecidas por el mundo a la propia individualidad.

Fijar la mente en lo importante

El cliente será enseñado por su coach a dejar de conceder importancia a las comparaciones falaces de las que él mismo es, inconscientemente, el autor; aprenderá a ser ecuánime y concebir sus éxitos y fracasos, como los de los demás, en su justa medida. En el proceso, además, deberá empezar a pensar que su avance no es una competición contra otros, sino un viaje emprendido por uno mismo, por sus propios medios, por su propia voluntad y sin más compañía que la de aquellos que se ofrezcan para dulcificar el camino.

Es fácil que aparezca el miedo, la inseguridad, la falta de autoestima, la indecisión, la dependencia, la sensación de inferioridad, vulnerabilidad o emociones similares… Y es también es fácil (y, como se ha dicho, cómodo, en no pocas ocasiones) dejar que tomen control de uno. Sin embargo, esto no hace que librarse de ellas y de las rémoras y los sufrimientos que traen consigo sea imposible.

En última instancia, esto puede hacerse tan solo con las fuerzas y las capacidades propias. La labor de un profesional del coaching personal consiste en mostrar a las personas que duden de ellas, sus propias capacidades, sus fuerzas y su potencial. Tras librarse por primera vez de estas dudas perniciosas que le impedían afirmarse como individuo con capacidad para la decisión y la acción, el cliente estará ya provisto de las herramientas necesarias para desenvolverse con la realidad, con las dificultades presentes y con los posibles obstáculos del futuro.

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