¿Cómo me ayudó la Psicología? Testimonio personal

Cómo me ayudó la Psicología

Aún hoy en día, y a pesar de lo que hemos avanzado socialmente, ir al psicólogo a veces es un tema tabú. Continúa conservando un matiz estigmatizante, ya que se juzga como algo de «locos». Se considera algo relacionado con enfermedades mentales, cuando en muchas ocasiones no es así. Sin ir más lejos, mi caso personal se encuentra dentro de este grupo de personas que, sin tener ningún trastorno, acuden al psicólogo en busca de ayuda.

No hay nada mejor que un ejemplo para apoyar una idea y por ello he pensado que la mejor manera de ilustrar lo que digo es contando mi propia experiencia.

La toma de conciencia de que necesitas ayuda

Tomar la decisión de ir al psicólogo no es fácil. Somos personas adultas y nos han educado de manera que pensamos que debemos resolver nuestros problemas solos. Debemos ser autónomos e independientes y eso incluye ser capaz de, como se dice popularmente, «sacarse las castañas del fuego». Si no es así parece que algo va mal, eres un “adulto defectuoso”.

¿A quién le gusta reconocer que la vida le sobrepasa? Pasaron varios meses desde la primera vez que fugazmente se me ocurrió que necesitaba ayuda. Hasta que por fin descolgué el teléfono y tímidamente pedí cita con el profesional que antes estuviera disponible.

Por aquel entonces mi situación era la siguiente: tenía una familia que me quería, buenos amigos, pareja y un trabajo fijo. ¿Cuál era el problema? Tenía todo lo que se supone que te hace feliz. Sin embargo, en momentos de soledad en los que me sentía efímeramente libre para ser honesta conmigo misma, sabía que a pesar de todo, por alguna razón, no era feliz.

Apagar el piloto automático

Si tenía todo lo que se suponía que te garantiza la felicidad y sin embargo no lo era, ¿qué me estaba pasando? Tener estos diálogos internos es muy necesario para ser conscientes de nosotros mismos y de lo que nos está ocurriendo. Pero el ritmo de vida acelerado que llevamos, hace que dedicar tiempo a este tipo de introspección sea complicado. Por ello, decidí apagar el piloto automático y dedicar tiempo a observarme a mí misma.

La clave está en la honestidad

En aquellos ratos que pasaba conmigo misma, decidí que iba a observar lo que ocurría con total sinceridad, sin autoengaños. Como un técnico que va a reparar un aparato electrónico, me fui fijando en cada pieza para ver qué era lo que fallaba. Vamos por partes:

  • Familia: Tenía una buena relación con mi familia. No había ningún conflicto importante y me sentía querida y apoyada. Por lo tanto, parece que el problema no estaba ahí.
  • Amigos: Nunca he sido de tener muchos amigos, pero sí de tener amigos de calidad, de los de verdad. No tenía millones de amigos de diversidad infinita con los que hacer miles de planes diferentes. Por el contrario, tenía un escueto grupo de amigos, que no sería muy grande, pero sí muy cálido y acogedor; mi familia elegida. Por lo tanto, tampoco había ningún problema.
  • Trabajo: Tenía un trabajo fijo y cómodo. Tampoco era algo con lo que poder hacerme millonaria, pero me permitía vivir sin grandes apuros. Sin embargo, no me gustaba nada. Tener que levantarme cada día con el propósito de esforzarme en hacer algo que odiaba era bastante deprimente. Además, tenía la sensación de que las personas que había a mi alrededor disfrutaban de su trabajo. Con lo cual, me torturaba todo el día pensando: «¿por qué ellos sí y yo no?»
  • Pareja: Vivía muy buenos momentos con mi pareja, pero los malos se contaban con mucho más peso. No era del todo feliz. Sí, tenía una relación, pero me sentía sola estando en pareja y eso es peor que estar sola de verdad.

Dicho así, la solución parece fácil: deja o cambia tanto el trabajo como la pareja. Sin embargo, aquí entra en juego una variable muy importante que está en la base de muchos problemas psicológicos: el miedo. Podemos tener miedo a varias cosas: miedo a arrepentirnos, miedo a no ser capaces de encontrar algo mejor, etc. Ese mismo miedo nos lleva a evitar la situación, que es cuando se echa mano de la siguiente estrategia: el autoengaño.

Con el autoengaño, generamos una realidad que nos es más aceptable que lo que verdaderamente está sucediendo. Por ejemplo, en mi caso me autoengañé pensando que mi relación de pareja no era tan mala, que estaba exagerándolo todo. Y con mi trabajo, al fin y al cabo, no dejaba de ser un trabajo normal que me proporcionaba unos ingresos fijos al mes.

Sin embargo, pasa el tiempo y sigues estando igual. Pero, ¿cómo atreverse a pedir ayuda?

Cuando tocas fondo

A esas alturas, sabía que debía ir a terapia cognitivo conductual. Ya había identificado lo que iba mal en mi vida, lo que me hacía daño. Aun así, no era capaz de acabar con dicho dolor. Uno de los factores que más contribuía a que no pidiera ayuda, era la idea de mi pareja de que aquello que me ocurría no era para tanto y que no me hacía falta ningún psicólogo. No quería decepcionarle, no quería que pensase que era débil, así que decidí aguantar.

Afortunadamente, meses más tarde decidió dejar la relación. Aunque fue muy doloroso, por fin me sentía libre para materializar aquella decisión. Ya no tenía que rendir cuentas a nadie, no tenía nada que perder. Así que opté por ponerme en contacto con quien, actualmente, es mi psicóloga.

Una vez en la consulta, ¿qué ocurre?

No te voy a engañar, no es fácil sentarse delante de una persona desconocida y abrirle tu corazón con sus luces y sus sombras. El primer día que fui a consulta sentí nervios, pero también alivio, ya que fui con la confianza de que en aquel sitio me iban a ayudar.

Básicamente, lo que te vas a encontrar en una consulta de psicología cognitiva será una persona que te va a escuchar con toda su atención y te ayudará en tu recorrido hacia la meta. No tienes nada que temer, se trata simplemente de abrirse con sinceridad.

¿En qué aspectos ayuda la psicología?

Personalmente, puedo decir que me brindó la ayuda necesaria para cambiar mi vida. A través de técnicas como la reestructuración cognitiva, la psicología me ayudó a identificar y modificar los patrones de pensamientos automáticos que me estaban produciendo malestar emocional. No voy a decir que soy una persona nueva, porque soy más yo que nunca. Quizá era más bien antes cuando no era yo misma. Al final, a grandes rasgos, creo que todos enfermamos por ser otra persona diferente a quienes somos realmente.

En cierto modo, se podría decir que nos perdemos a nosotros mismos. La psicoterapia, por tanto, sería para mí, el camino hacia la búsqueda de uno mismo y un reencuentro final.

Nuestras propias herramientas

Esto, que suena muy poético, podría traducirse en lo siguiente: la psicoterapia nos ayuda a encontrar nuestras propias herramientas para después poder utilizarlas en nuestro día a día y en situaciones de crisis. Saca, por tanto, todo aquello que ya somos y nos empodera. De esta forma, es bastante obvio pensar que la mejora de la autoestima es inherente.

Todo esto es fundamental a la hora de afrontar tanto pequeñas como grandes situaciones de estrés. La psicología no es únicamente para personas que sufran alguno de los trastornos psicológicos, sino para todo aquel que quiera conocerse mejor y que tenga la necesidad de vivir de una manera más consciente y plena. Y no sólo eso. Tus relaciones sociales también mejorarán, ya que tendrás más inteligencia emocional. Esto te ayudará a tener una mejor gestión emocional, contribuyendo a la mejora de las relaciones.

¿Cuánto tiempo dura el tratamiento?

La duración del tratamiento depende de cada persona y de cada situación. No hay un tiempo medio de duración de terapia. Hay muchos factores que influyen en la evolución de cada persona.

Vínculo paciente-psicólogo

Uno de los factores más importante para que una terapia funcione es el vínculo que se establece entre el psicólogo y el paciente. Como en cualquier otro tipo de relación, tiene que haber química, es decir, se tienen que entender y ha de haber una comunicación fluida. Si esto no ocurre, es muy difícil que la terapia vaya a prosperar.

Experiencia y formación del psicólogo

La experiencia es un grado. No quiere decir que sea determinante, pero es lógico pensar que un psicólogo con más experiencia esté dotado de más técnicas que le darán más versatilidad a la hora de enfrentarse a problemas de diferente índole. No obstante, no solo hay que tener en cuenta la experiencia sino también la formación y los conocimientos adquiridos a lo largo de los años.

Compromiso del paciente

Puedes ir al mejor psicólogo del mundo, pero el trabajo lo haces tú. La terapia cognitiva  ayuda a tener herramientas y a saber utilizarlas, pero si tú no pones lo aprendido en práctica, no sirve de nada. Es como si vas al médico porque tienes un músculo inflamado, te recetan un antiinflamatorio, pero no te lo tomas. Si no pones de tu parte, no habrá avances.

En conclusión, espero que este post haya servido para eliminar algunos clichés típicos de lo que es la psicología y te empuje a pasar por un proceso de terapia si te sientes en la necesidad. Recuerda que pedir ayuda es de valientes, ya que denota una intención de luchar y no rendirse tan fácilmente.

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