Consecuencias de la ansiedad en el trabajo

consecuencias de la ansiedad en el trabajo

Las consecuencias de la ansiedad en el trabajo afectan a diferentes ámbitos de la vida. Necesitar trabajo y no tenerlo puede provocar ansiedad y angustia. Pero mira, tener trabajo también. Ya sabes, estrés, presión, cansancio, prisas…, son cosas que te afectan y pueden llevar a sufrir trastornos de ansiedad e incluso depresión.

Sé de lo que hablo porque lo he vivido. Por suerte, la terapia online me ayudó a superar mi problema y a controlar las consecuencias de la ansiedad en el trabajo. Os cuento mi caso.

La ansiedad: empezando a caer

Me llamo Sandra y soy licenciada en ADE. Hace unos años conseguí trabajo en un conocido banco para labores administrativas. Ya sabéis, papeleo e informes. Mis dos primeros años estuvieron bien, la verdad. El puesto tenía cierta responsabilidad, pero yo era una más en el departamento y, básicamente, me dedicaba a la inspección del trabajo de otros. Tenía sus momentos de estrés, como todo, pero puedo decir que estaba satisfecha.

A los dos años se me ofreció gestionar el desarrollo de un nuevo producto bancario. Esta propuesta era un ascenso en toda regla. Me aportaría mejor sueldo y mayor categoría, pero también mucha más presión: del trabajo de mi departamento dependería el buen diseño del producto y, por lo tanto, su estrategia de venta y los beneficios que aportara.

Los primeros meses la cosa fue bien, cumplíamos y el rendimiento del departamento era óptimo. Pero conforme pasaba el tiempo empezaron a llegar presiones innecesarias. Teníamos sobre nosotros los ojos de todos los jefazos y la sensación de agobio se incrementó más y más. Los plazos se estrecharon y las horas nunca eran suficientes. Una compañera se dio de baja por maternidad, pero no fue sustituida por nadie, así que se incrementó la carga de trabajo del resto.

La ansiedad es más que estar nerviosa: todo cuesta abajo

Todo empezó a los siete meses de empezar ese proyecto. Llevaba unas semanas bajo muchísima presión y había rumores de que la empresa barajaba reducir plantilla. A todo esto se le sumaba la ansiedad anticipatoria que sentía al sufrir el miedo de pensar día tras día que yo podría ser la siguiente persona de la que podrían prescindir. Una mañana, simplemente, sonó el despertador, me incorporé temblando y vomité. Así, sin más.

Yo por entonces no lo sabía, pero ese fue el principio de los ataques de pánico por trabajo. Lo achaqué a algún problema digestivo, algo que me sentara mal. Pero la verdad es que ya llevaba un tiempo con malestar: fatiga, cansancio emocional, dolores de cabeza, mareos… Todo me molestaba y me enfadaba por cualquier cosa. ¿Y sabéis qué? Estaba empezando a tener «malas ideas». Siempre me he exigido mucho, pero por primera vez en mi vida empecé a pensar que era una fracasada que no valía para el puesto.

También empecé a sentir miedo al fracaso. A veces pensaba que no iba a poder acabar mi trabajo y que eso me llevaría al despido. La parálisis matutina se convirtió en una costumbre poco después del primer ataque de ansiedad: después de una noche de insomnio, en cuanto sonaba el despertador sentía dolores de barriga tremendos, sudores fríos, mareos, náuseas… ¡terrible, de verdad!

Dos semanas antes del último plazo de entrega vino lo peor. Teníamos trabajo retrasado y, una mañana, un fallo informático bloqueó todos los ordenadores del departamento. Recuerdo perfectamente cómo intenté aguantar la angustia que sentí cuando se me cerró el estómago. Salí disparada y huí del despacho para esconderme a llorar en los servicios de la empresa, intentando que no se me notara que temblaba de terror. Ese día fue terrible y acabé en urgencias. Me dieron la baja laboral en el peor momento. No tenía fuerza para seguir allí. 

Hacia arriba de nuevo. ¡Se puede!

Ahí fui consciente de que no podía seguir así. No solo estaba peligrando mi puesto en la empresa, es que estaba minando mi propia salud. Perdí mucho peso, tenía problemas estomacales y temblores.

No podía permitir que mi carrera y mi vida se fuesen al traste por las consecuencias de la ansiedad en el trabajo. Hasta entonces había trabajado para mejorar mi currículum. Había llegado el momento de trabajar para mejorar mi vida.

Lo primero fue intentar comprender qué me estaba pasando. Al principio había quitado importancia a las reacciones físicas. Ya sabes, las náuseas, los vómitos… Me decía a mí misma que la vida estresante era así, que esa era la norma. Pero cuando me vi peor comprendí que esa no podía ser la norma. Que vivir con esa presión en el pecho no podía ni debía ser lo normal para nadie. Busqué información y me vi retratada en todos los artículos que leía: la presión, el estrés, los síntomas y las consecuencias. ¡To-di-to!

Aposté por buscar ayuda en un gabinete de psicología online, que me diagnosticó lo que sospechaba: trastorno por ansiedad. Y empezamos la terapia, utilizando también otras herramientas que me ayudarían a manejar las crisis de pánico cuando ocurrieran y la ansiedad nocturna que me hacía sentirme sin energía. Poco a poco encontré una manera diferente de ver las cosas y de manejar la presión.

Ahora lo digo sin pudor: sí, soy de ese 10% de trabajadores que sufre ansiedad laboral, pero también soy de las que sabe que es posible volver a despegar. ¿Qué opináis? ¿Lo pongo en mi currículum como mérito personal?

Si, tal como la protagonista de esta historia, sientes que los niveles de exigencia en tu trabajo están perjudicando tu salud y tu estado de ánimo, es el momento de empezar a confiar en la terapia online.

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