Consejos para la depresión. ¿Cómo ayudar a quien la sufre?

Consejos para la depresión

La depresión es una enfermedad que no solo afecta a quien la sufre en primera persona, sino también al entorno. Viví de cerca la tristeza por la depresión de una de mis mejores amigas. Empecé a notar en ella un cambio de carácter, se tomaba cualquier comentario de un modo personal. Su mente parecía más enfocada a recordar lo negativo que lo positivo. Si estás pasando por una situación así, espero que mi experiencia te ayude.

Consejos para la depresión

Desde el principio, quise ayudarla. El primer paso para poder hacerlo fue comprender la naturaleza de la propia enfermedad. Es decir, entender que la depresión no depende de un acto de la voluntad, sino que es una enfermedad que altera el ánimo, la afectividad y los deseos del afectado.

De este modo, cuando la invitaba a algún plan y lo rechazaba, no realizaba juicios de valor, sino que siempre cerraba la conversación con mensajes abiertos para reforzar su libertad futura. Mensajes del tipo: «En otra ocasión será». Hubo amigas que se enfadaron y dejaron de llamarle por tantas negativas, por esta razón, yo supe que mi modo de ayudarle sería estando allí a pesar de todo.

En los consejos para la depresión siempre encontraba que la ayuda del psicólogo para la depresión era fundamental, por eso la animé a buscar ayuda profesional. Lo hice contándole la experiencia positiva de alguien cercano que, tras haberse sentido abatido anímicamente durante un tiempo, inició su proceso de recuperación con ayuda psicológica.

Intentaba que nuestra amistad le ayudase a distraerse de su depresión. Por ejemplo, evitaba hacerle constantes preguntas sobre cómo se sentía. A mi amiga le encanta el cine, por esta razón empezamos a quedar con más frecuencia para ver películas. En ese caso, siempre elegía historias que tenían un tono positivo.

Lo cierto es que más allá de haber concretado cualquier plan, yo siempre vivía esos encuentros con cierta incertidumbre ya que era relativamente habitual que anulase el plan en el último momento sin un motivo justificado. A veces, esto me molestaba porque yo sentía que no tenía en cuenta mi tiempo. Sin embargo, intentaba racionalizar ese sentimiento comprendiendo que mi amiga no se encontraba bien y no debía tomármelo como algo personal.

Así que mi modo de empezar a tenerla presente en mi vida fue un paso más allá. Busqué el modo de tener detalles que dependiesen principalmente de mí. Por ejemplo, le prestaba libros o revistas. Le enviaba mensajes para desearle que tuviese un buen día. Algunos días en los que cocinaba algún postre casero, le guardaba una porción de bizcocho para que lo disfrutase. Si realizaba algún viaje, le enviaba postales.

Paseos terapéuticos para el ánimo

Uno de los planes que más me gustaba compartir con ella era salir a caminar. En esos paseos había muchos momentos de silencio, pero yo valoraba positivamente compartir esos instantes. Durante el trayecto, yo silenciaba mi móvil para evitar interrupciones. Intenté ayudarla a través de la escucha activa. Es decir, intentaba adoptar este rol porque notaba que hablar y desahogarse le ayudaba a liberar sus miedos.

Durante ese tiempo, le di muchas ideas de posibles actividades que podría llevar a cabo: visitar la biblioteca, hacer un curso, realizar una actividad de voluntariado o practicar yoga. Me gustaba darle esta posible lluvia de ideas para intentar ampliar la visión limitante de la realidad que ella tenía. Y es cierto que algunas de esas ideas le gustaban.

Antes de que mi amiga tuviese depresión era normal improvisar planes en el último momento, avisando incluso a más amigos. Sin embargo, con la enfermedad esto cambió. Me di cuenta de que la rutina de lo previsible le daba cierta seguridad emocional. De un modo frecuente, tras los planes que compartíamos, me gustaba darle las gracias por ese rato. Lo hacía con naturalidad, no insistentemente. Era mi forma de hacerle sentir que para mí esos momentos eran importantes. Por tanto, ayudé a mi amiga en esta etapa no solo compartiendo tiempo, sino también encontrando palabras positivas y agradables en nuestras conversaciones. Sin duda este fue uno de los consejos para la depresión que me sirvió de más ayuda, aceptar que no podía exigir a mi amiga todo que estuviera en la versión que más me gustaba.

Sobre todo hay que tener paciencia y entender que, si no actuamos así, estaremos alentando la enfermedad y dando razones para que el proceso de curación sea más largo o incluso abriendo la posibilidad de sufrir distimia. No queremos crear un círculo vicioso, sino ayudar a una persona que queremos, por eso hemos de estar atentos a su situación. 

Depresión Vs. Apoyo psicológico y emocional

El verdadero motor para superar la depresión fue el apoyo del psicólogo online. Su familia y amigos fuimos un apoyo complementario. La terapia fue tan importante que, a partir de las primeras sesiones empecé a notar un punto de inflexión en su actitud, notábamos que iba superando ese vacío emocional. El proceso de recuperación fue lento, pero con una evolución positiva. Los amigos éramos un apoyo, pero la terapia fue el verdadero pilar, así como la implicación personal de mi amiga en su proceso de recuperación.

Muchas veces, cuando alguien que es importante para nosotros muestra un cambio de actitud, lo atribuimos al trabajo o al cansancio o a una simple tristeza. Pero, cuando este estado de ánimo se mantiene en el tiempo, lo más conveniente es preguntarnos si ese ser querido por el que nos preocupamos podría estar viviendo una depresión. Aquí puedes leer más sobre la depresión reactiva.

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