Consejos para la hipocondría: no busques en Internet

consejos para la hipocondría

La hipocondría aparece en los casos en los que el miedo a la enfermedad -o a la sensación de enfermedad- se impone de tal manera que resulta incapacitante. El miedo a las enfermedades, el sufrimiento y la muerte es algo innato del ser humano, pero hay maneras y maneras de experimentarlo. Gracias a estos consejos para la hipocondría podrás controlarlo y evitar la interferencia que crea en el día a día.

Hoy vivimos en una sociedad que se preocupa por la salud como nunca antes: atendemos más a lo que comemos, sabemos más sobre higiene, hacemos más ejercicio y mantenemos unos hábitos más saludables. Vivimos en la cultura de la prevención, porque sabemos que la mejor manera de corregir problemas de salud es evitar que aparezcan.

Sin embargo, la mayoría de las personas no se preocupan por la enfermedad hasta que la padecen. Es decir, intentan no exponerse, pero no viven en un constante estado de alerta. Cuando se sienten mal, acuden al médico, confían en su diagnóstico y siguen sus indicaciones.

No obstante, algunas personas sí viven en ese estado de alerta y atienden permanentemente a su salud, sobrepasando límites razonables y llegando a imaginar síntomas y enfermedades. Son los llamados hipocondríacos, un sector de la población que padece hipocondría, es decir, asocia enfermedades graves a cualquier cosa.

En este artículo hablaremos de la hipocondría y de cómo la sociedad de la información, alimentada por Internet, quizá no esté siendo la mejor ayuda en cuestión de información médica.

Qué es la hipocondría

La hipocondría es el constante miedo por la enfermedad, generando una preocupación infundada y una gran negatividad hacia la salud. La hipocondría es mucho más que una actitud de sana atención o prevención médica o sanitaria. Se trata de un trastorno de ansiedad que obstaculiza el normal transcurrir de la vida de quien lo padece y que genera grandes dificultades en el entorno cercano al no saber cómo ayudar a un hipocondríaco.

En este sentido, la hipocondría es una forma de ansiedad. El hipocondríaco dedica mucho tiempo a la inspección y el análisis pormenorizado de sus funciones vitales, así como a investigar su significado. Pero, sobre todo, esa ansiedad por la enfermedad lleva al hipocondríaco a un estado de frecuente alarma y preocupación patológica que puede afectar a su vida diaria, su trabajo y las relaciones sociales. Es por esto que contar con consejos para la hipocondría resulta clave para superarla.

Por supuesto, cuando hablamos de hipocondría, hablamos de casos de enfermedades graves infundadas que el hipocondríaco cree padecer, no de casos de dolencias auténticas. La hipocondría da lugar a una o varias enfermedades imaginarias que pueden mostrarse con cualquier signo real o imaginario de una supuesta alteración de la anatomía, las circunstancias físicas o las funciones vitales. Por ejemplo, un picor, un lunar, tos, un rasguño, una insignificante molestia digestiva puntual, un tic momentáneo o incluso los latidos normales del corazón.

En todo puede encontrarse un síntoma ficticio de una enfermedad inexistente. Sin embargo, también puede darse el caso de que aparezca hipocondría en una enfermedad crónica, pero su obsesión haga que se fije en signos equivocados o leves (como el dolor de cabeza o un mareo). Esto lleva a que identifique erróneamente su significado. Aquí encontramos uno de los mayores riesgos de la hipocondría, porque puede llevar a una equivocado autodiagnóstico, de modo que nos fijemos en una enfermedad inexistente mientras ignoramos y no tratamos la que de verdad estemos sufriendo.

La enfermedad psicosomática

La obsesión de los hipocondríacos también podría centrarse en un signo concreto o una función fisiológica determinada. Por ejemplo, prestando una atención exagerada al pulso, la salud de la piel o la digestión. Esta inspección constante de cada detalle hace que destaque cualquier actividad que pueda considerarse anómala. Pero también puede llevar a la aparición de la enfermedad psicosomática.

¿Qué es esto? La afección psicosomática es aquella enfermedad auténtica que aparece como consecuencia de la actividad psicológica y emocional. Es decir, en el caso de los hipocondríacos, una dermatitis real podría aparecer como consecuencia del miedo a la enfermedad de la piel, creando un círculo vicioso.

El comportamiento del hipocondríaco y el uso de Internet

Para encontrar síntomas extraños el hipocondríaco debe estar atento y analizarse constantemente. El comportamiento del hipocondríaco se caracteriza por controlar sus funciones vitales de forma recurrente y meditar sobre lo que observa.

A fuerza de analizarse aparecen signos peculiares. Puedes comprobarlo personalmente. Ahora mismo no te pica nada, ¿verdad? Pues concéntrate un minuto en las sensaciones de tu piel y encontrarás picores. Es posible que hayan surgido justo ahora, porque lo hemos mencionado. Pero también es posible que esos picores ya estuvieran ahí y pasaran desapercibidos porque no significan nada y, en realidad, no llegan ni a ser una molestia. Pero para el hipocondríaco sí, existen y son un síntoma de alguna enfermedad grave.

Los síntomas son la obsesión del enfermo imaginario y dedica mucho tiempo a encontrarlos. Pero también quiere buscarles significado y, decide acudir a Internet para documentarse. Por eso, se tomará el pulso, se fijará en la sudoración, controlará su temperatura o medirá la tensión arterial tantas veces al día como las que consulta webs de salud.

Buscará cualquier indicio de anormalidad en la red para confirmar sus sospechas o alimentar otras nuevas a partir de información novedosa. Puede desarrollar comportamientos que rozan la fobia, con explosiones emocionales por nimiedades como, por ejemplo, no haber hervido el agua ya potable o haber abierto la ventana si la quiere cerrada para no resfriarse, aunque sea verano. Con la ayuda de Internet, las obsesiones alcanzan un nuevo significado.

También suelen seguir estrictos hábitos higiénicos que en ocasiones son compulsivos y obsesivos, como lavarse con mucha frecuencia, incluso sin necesidad. Es frecuente el control exhaustivo de la comida, pero esto no significa que, en realidad, se estén alimentando bien.

¿Por qué no?

Bien, un problema añadido es el de la información deficiente o sesgada. El hipocondríaco puede estar basando su alimentación en criterios confusos, inventados o con nulo criterio científico nutricional, fundamentado en impresiones incorrectas sacadas de páginas webs o blogs carentes de rigor.

Y ahí está, por fin, el mayor problema al que se enfrentan las personas que sufren del trastorno de ansiedad por enfermedad: el autodiagnóstico alimentado por la desinformación.
Internet, ¿infoxicación médica?

Si acudimos a Internet, saltará sobre nosotros una cantidad inabarcable de información médica que no podemos filtrar. Se denomina infoxicación a la situación en la que tenemos tanta información disponible que, en realidad, no tenemos ninguna. Estamos intoxicados de información y somos incapaces de discernir si es correcta, errónea, veraz, rigurosa, interesada, contradictoria o sesgada. Por eso, uno de los consejos para la hipocondría es evitar el uso de internet en búsqueda de un diagnóstico para sus síntomas.

Sin criterio y contexto no hay diagnóstico real

Cuando vamos al médico, damos por hecho que es quien tiene el conocimiento necesario para diagnosticarnos. Ha pasado muchos años estudiando y trabajando en profundidad todo lo relacionado con la salud humana.

Un mismo síntoma puede ser consecuencia de diferentes enfermedades. Piensa en el dolor de espalda, el mareo, la migraña, la fiebre, la diarrea o el dolor abdominal, molestias de orígenes muy diversos. Los doctores identifican síntomas para diagnosticar las causas reales y separarlas de las que no lo son, analizando otros parámetros asociados, observando el contexto y decidiendo con espíritu crítico.

Por su parte, el profano carece de herramientas para separar el grano de la paja incluso si maneja información médica fiable y contrastada. Por ejemplo, para el dolor de espalda podemos encontrar causas que van desde el simple cansancio hasta el cáncer y desde motivos anatómicos hasta infecciones. Son causas auténticas y contrastadas, pero ¿por cuál decantarse?

Internet es una fuente de comunicación e información maravillosa, pero para los asuntos médicos puede convertirse en un torrente de alarma y miedo. Utilizada sin criterio, la red es fuente de desinformación. El impacto que está teniendo Internet en este ámbito es tal que ya se ha acuñado un término para ese miedo a enfermar después de leer webs de salud: «cibercondría». Por eso, te recomendamos que inviertas el tiempo de tus búsquedas en la red sobre enfermedades en aprender cómo superar la hipocondría en manos de un profesional.

Desinformación, autodiagnóstico y automedicación

La predisposición a pensar en lo peor y el acceso libre a información sobre la salud, muchas veces alarmista y exagerada, hacen que la combinación de hipocondría e Internet sea un cóctel explosivo. El hipocondríaco encuentra en la red la justificación para ponerse en el peor de los casos, sea con los síntomas reales o con los imaginarios. Una mancha sin importancia se convierte en una enfermedad dérmica grave o incluso terminal. Una alteración digestiva leve se transforma en una extrañísima enfermedad que solo le ocurre a una persona entre diez millones.

La información mal seleccionada y peor asimilada llevan al autodiagnóstico. El hipocondríaco intenta encontrar una solución a sus males y determina según su propio criterio qué le pasa y, por lo tanto, cómo tratarse. Uno de los mayores peligros del mal uso de Internet es ignorar la opinión de los verdaderos expertos y automedicarse. Esto es, consumir fármacos o aplicar terapias sin consejo médico ni farmacéutico.

La automedicación puede causar daños graves por interferir con un fármaco que sí es necesario o por no tratar una enfermedad auténtica que empeora por falta de cuidados reales.

Ante cualquier síntoma, acude al médico

No dejes que Internet se convierta en tu médico de cabecera. Déjate guiar por los consejos para la hipocondría de un profesional, dejando en sus manos el diagnóstico y el tratamiento.

Si sospechas que padeces de hipocondría, considera que tu bienestar no dependerá tanto de evitar el asedio de infinitas enfermedades, sino de tratar y corregir esa actitud de aprensión ante la enfermedad en sí misma. Las enfermedades existen, en efecto, pero hay una manera mejor y más responsable de relacionarse con ellas y empieza con el cambio interior, por eso es fundamental que aprendas cómo dejar de ser hipocondríaco.

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