El estrés, el enemigo silencioso

El estrés

El estrés puede estar provocado por los nervios ante una primera cita, la preocupación de un embarazo, el agobio de una mudanza, un ascenso en el trabajo, la pérdida de un empleo… No obstante, casi todas las personas pueden atravesar estas situaciones con más o menos dificultades. Es lo que se llama eustrés (estrés bueno). Te mantiene en estado de alerta ante las adversidades y te permite salir triunfante.

No obstante, ¿qué es el estrés? Aunque te cueste creerlo, el estrés es una parte esencial de tu vida. Es básicamente una respuesta. Es una reacción a determinados estímulos que te rodean o a sensaciones internas. Es, por encima de todo, un efectivo mecanismo de defensa. Gracias a él, eres capaz de afrontar circunstancias amenazantes que te demandan un plus de energía, de fuerza o de voluntad.

El estrés, ¿cuándo es malo?

Precisamente cuando percibes una situación como amenazante o imposible de afrontar con tus propios recursos. Es decir, cuando las cargas física, emocional o psíquica superan tu capacidad de resistencia. Para que se entienda, el estrés es perjudicial cuando excede ciertos límites y te sobrepasa. En tales casos, se habla de distrés o estrés malo.

Pero entonces, ¿cómo saber si tengo estrés? Es importante que sepas que el mismo se divide en tres fases o etapas.

Alarma ante un evento desestabilizador

Puedes llegar a manifestar reacciones fisiológicas, producto de la traducción en el cerebro, de esa experiencia desestabilizadora. Estas manifestaciones se pueden producir ante situaciones como una prueba o examen importante, el primer día en un trabajo o como reacción ante una noticia inesperada. También puede aparecer tras un episodio de angustia o desesperación como puede ser un accidente o un desastre natural. En estos casos hablaríamos de estrés postraumático.

Ejemplos de síntomas típicos de estrés serían: nerviosismo, ansiedad, taquicardia, sudoración excesiva, sequedad de garganta, descomposición de estómago o dolor de barriga entre otros.

Adaptación o resistencia

Es una etapa en la que los síntomas corporales de alarma se van aplacando o haciéndose crónicos. A veces ni siquiera te das cuenta de ello. Ocurre cuando te dejas estar en el malestar sin modificar hábitos o conductas. Es el momento en el que tu cuerpo bien de manera física o mental se sobreexige y aguanta. El período de resistencia es variable dependiendo de cada persona. No obstante todo tiene un límite y es importante que tengas claro que nada es eterno.

Período de desgaste o agotamiento

Se presenta cuando el equilibro entre las cargas y tu capacidad de soportarlas se rompe. Es entonces cuando los malestares que funcionaban como mensajeros se convierten en síntomas más serios. Aparecen las úlceras gástricas, las migrañas o el colon irritable. Es la etapa en la que tu cuerpo se daña.

Si no escuchas los mensajes que intenta transmitir tu cuerpo y las señales que te manda, puedes comprometer tu salud. El estrés, que en la etapa anterior ya te dio un préstamo de energía suficiente para resistir durante un determinado tiempo, ahora se cobra su parte. Tu salud se resiente y es por ello que enfermas.

¿Qué puedes hacer para detener el avance del estrés?

En principio, prestar atención a las señales que te brinda tu cuerpo. Subestimarlas supone un error garrafal. Los síntomas, en un inicio, pueden revertirse rápidamente modificando algunas de tus actividades diarias o incorporando a tu vida hábitos más saludables. A algunas personas les alcanza con una toma de conciencia, la charla con algún amigo o la lectura de un libro de autoayuda sobre el estrés. Cada cual responde a la adversidad a su modo y estilo. Tú sabrás qué hacer para ponerle freno a tiempo.

Lo más importante es reaccionar en la etapa de resistencia, para evitar el hecho de enfermar. Para ello, puedes seguir algunas recomendaciones de gente que ha estudiado la temática y puntualiza algunos pasos a seguir hacia el bienestar. ¿Te animas a hacerlo? Presta atención a los detalles.

El estrés: Consejos para combatirlo

¿Qué hago para terminar con el estrés?, te preguntarás. Los expertos recomiendan seguir al pie de la letra algunos de estos tips (de ser posible, todos). Ponlos en práctica y, en caso de no lograr eliminar los síntomas o al menos reducir su intensidad, consulta a un profesional especializado.

#1.- Empieza por pedir ayuda

No es fácil, pero es necesario. No esperes que tu entorno te ayude o haga cosas por ti si no lo solicitas. Nadie mejor que tú, que conoces tus dificultades actuales, para pedir lo que te hace falta para sentirte mejor.

#2.- Identifica a los estresores

¿El exceso de tareas en casa? ¿Los niños y sus horarios? ¿El trato recibido por tu entorno? ¿La falta de herramientas psíquicas para afrontar los problemas o decir «no»? No importa cual sea la respuesta. Conocer las causas de tu malestar contribuirá a poder enfrentarlo.

Por ejemplo, imagina que identificas a tu jefe y la carga de trabajo que sufres día a día en tu jornada laboral como las causas de tu estrés diario. Si te sientes infeliz en el trabajo, probablemente esto repercutirá en tu vida personal. Esta desmotivación te puede provocar el conocido síndrome del quemado, de ahí que el estrés sea conocido como un enemigo silencioso.

#3.- Realiza ejercicio físico

Para vivir en estado de relax reduciendo al mínimo las preocupaciones, es necesario mover el cuerpo. Es un modo de liberar espacio mental para poder desempeñar tus tareas diarias de una manera sana y libre de preocupaciones. ¿Cómo lo puedes lograr? Planifica ir caminando hasta el «cole» de los peques, apúntate al gimnasio, sube escaleras tanto como puedas, anda en bicicleta… Todas ellas son herramientas prácticas para despejarte y descargar tensiones.

#4.- Aprende a decir «no»

No permanezcas en la queja y sal a buscar alternativas para cambiar aquellos aspectos de tu vida personal, familiar, social o laboral que no te satisfacen del todo. Protégete y aprende a poner límites. Un «no» a tiempo te generará menos tirantez en tus vínculos que aguantar lo insoportable.

#5.- Hidrátate adecuadamente

Beber ocho vasos de agua diarios otorga energía cuando más lo necesitas. Está comprobado que mejora las condiciones físicas y psíquicas para realizar las tareas cotidianas.

#6.- Relájate y disfruta: lo mereces

En momentos de tensión o inquietud, practica los llamados «ejercicios de la calma». ¿Qué son? Recursos para relajar y recuperar tu estado zen. Haz respiraciones (siente cómo tu vientre se llena de aire y luego se vacía), ponte en una posición que te brinde comodidad y piensa en lo que te preocupa durante cinco minutos. Haz una pausa antes de retornar a las tareas que te causan el estrés que padeces. Caminar un poco y tomar aire también ayuda.

#7.- Suma alegría a tus días

Al final del día y los fines de semana, planea hacer actividades que te den satisfacción: mirar una serie, dar un paseo por el parque, gastar energía en el gym o ir al cine con un amigo. Cada cual sabe qué desea. Y a medida que pasen los días y las semanas, aumenta la dosis de aquello que te gusta hacer. Verás cómo todo aquello contribuye a que te sientas mejor.

#8.- Céntrate en las alternativas y soluciones

Para enfrentar los problemas es preciso contar con herramientas para darles solución. No tomes decisiones intempestivas, pero tampoco permanezcas en la quietud. Busca salidas a tus laberintos mentales y emocionales y ponte en acción. ¡A por ello!

No es fácil, pero tampoco es imposible

Lo que a una persona le causa estrés a otra le puede resultar intrascendente. Cada persona es única y responde a los factores desestabilizantes también de manera singular. Lo que se sabe es que suelen salir victoriosos de situaciones estresantes aquellos que fluyen con la vida, se dejan llevar, no se resisten a lo que se les presenta ni se niegan a las circunstancias que van encontrando a cada paso en el camino.

La diferencia la hace la reacción que cada uno tiene frente a lo adverso, lo que lo supera o lo que aparece como una demanda extra. Para tener una mejor actitud, es importante que defiendas, a capa y espada, tus momentos placenteros para contrarrestar tus ratos de estrés intenso.

¿Cómo hacerlo? Paso a paso

Un ejercicio efectivo a la hora de detectar los momentos felices de nuestro día a día es la toma de conciencia. ¿Y cómo se llega a ella? Comienza por hacer un listado completo de todas las actividades que caracterizan un día típico en tu vida. Por ejemplo: llevar a los niños a la escuela, encontrarte con amigos, hacer la limpieza, el trabajo en la oficina, el traslado en autobús, la autovía en hora punta, el encuentro con los peques después del colegio…

¿Lo has apuntado todo? ¿Tienes tu lista hecha? Ahora destaca qué ratos de esa jornada (lunes, jueves o domingo, lo mismo da) te brindan mayor placer; que momentos te agradan y te proporcionan algo positivo.

Si no hay al menos una tarea positiva, sabrás qué hacer. Y ante aquellos momentos que más te gustan de tu vida cotidiana, solo aumenta la dosis paulatinamente. Osea, multiplica lo bueno, como primera medida. Es sencillo y sumamente beneficioso. Verás cómo el día a día, al cabo de algunas semanas o meses, se modifica. En efecto, tu vida cambiará radicalmente y será, en consecuencia, menos estresante y mucho más placentera.

Y, por último, recuerda: si sientes que los síntomas te superan, pide ayuda. Busca soluciones. No te canses de salir al encuentro de alternativas de cambio. Investiga. Inventa nuevos recursos. Reinvéntate si es necesario. Hazlo por ti. Nadie lo hará en tu lugar.

Alcanza tu mejor versión mediante la app de psicología de TherapyChat. Somos la aplicación N.1 en psicología online y contamos con el mejor psicólogo para ti.

 

El estrés, el enemigo silencioso
Scroll hacia arriba