Estado de ansiedad Vs. Ataque de ansiedad: diferencias

Es muy posible que estés acostumbrada a oír hablar sobre el concepto de la ansiedad utilizado de un modo generalizado, pero nunca te hayas planteado las diferencias entre un estado de ansiedad y un ataque de ansiedad. El estrés y la ansiedad son dos factores emocionales que están muy vinculados con el estilo de vida moderno marcado por circunstancias específicas.

Estado de ansiedad: causas habituales

La vida actual nos somete a mucha presión. Aunque no es normal vivir con ansiedad permanentemente, sí que es cierto que cada vez más nos vamos familiarizando con ella, viéndola como una consecuencia muy frecuente de nuestro estilo de vida. A continuación, recogeremos algunas de las causas más habituales para generar un estado de ansiedad, es decir, una ansiedad sostenida en el tiempo.

El entorno laboral

La ansiedad puede ser una causa de inestabilidad en el entorno laboral. Muchas personas viven su presente más inmediato, sencillamente, porque desde el punto de vista económico no se pueden permitir hacer planes a largo plazo. La presión por el rendimiento y la productividad es otra circunstancia habitual en la actualidad. A ello, también hay que añadir la competencia extrema de talento.

La vida en la ciudad

Además, quienes viven en la ciudad también son más vulnerables ante el efecto del estado de ansiedad puesto que los atascos de tráfico, las grandes distancias y la tendencia hacia el individualismo, afectan al ánimo. El ser humano del siglo XXI tiene la sensación de estar desconectado de sí mismo, caminando siempre a gran velocidad. Es esta actitud de prisa constante la que mejor define los estados de ansiedad y nerviosismo.

El teléfono móvil

A todo lo anterior también hay que añadir la propia influencia del estrés tecnológico. Tu teléfono móvil te lleva a la sensación de creer que necesitas estar permanentemente disponible en el mismo instante en el que cualquier amigo o familiar quiere contactar contigo. Si es así, cada vez tienes menos tiempo para ti. Y esta pérdida de intimidad también deriva en un estado de ansiedad.

Un estado de ansiedad no es un ataque de ansiedad

Es muy importante no confundir la experiencia emocional de vivir en un estado de ansiedad, con un ataque de ansiedad que es repentino e intenso a pesar de su breve duración. Una persona puede convivir con estados de ansiedad en su estilo de vida sin que eso derive en ningún momento en un ataque de estas características. Aunque igualmente no es sano, se puede decir que el estado de ansiedad podría ser llevadero.

La olla a presión

Sin embargo, en otras muchas circunstancias sí ocurre que la ansiedad del día a día produce la acumulación del efecto de una olla a presión. Es decir, llega un momento en el que esa tensión interna explota por medio de un ataque que hace visible ese malestar que la persona ha estado silenciando porque ha ignorado hasta entonces los síntomas de ansiedad.

Desde esta perspectiva, el ataque de ansiedad, aunque muestra un agravamiento del estado emocional, tiene una función positiva. Es una llamada de atención que el organismo te envía para que tomes conciencia de que necesitas cuidarte y debes bajar el ritmo de vida para centrarte en ti. En una situación así, tienes que aprender que nada es tan urgente como tu propio bienestar, nada es tan definitivo como tu salud física y mental.

La resaca emocional

Un ataque de ansiedad produce una especie de resaca emocional, es decir, unas secuelas que son la huella de ese estado de nerviosismo que ha generado un impacto de emociones desagradables somatizadas en el cuerpo. De este modo, es habitual que el afectado se sienta literalmente agotado por el sobreesfuerzo de resistir esa tensión. Generalmente, la persona suele experimentar temor a vivir un nuevo capítulo de estas características, le preocupa volver a pasar por lo mismo. Por esta razón, con frecuencia, cae en la dinámica de la evitación de aquellas situaciones que le asustan por algún motivo.

Esta es también una gran diferencia entre un ataque de ansiedad y un estado ansioso. Generalmente, las personas se acostumbran a vivir con ese estado de ansiedad de la rutina cotidiana porque compensan la intensidad de algunos momentos con el estado de tranquilidad de otros instantes.

Acostumbrarse a la ansiedad es un error

En la sociedad actual se ha normalizado la ansiedad. Muchas personas se han acostumbrado a convivir con ella. Sin embargo, este es un grave error de salud emocional ya que, aunque convivir con este estado de ansiedad no determina a modo de causa y efecto que la persona de un modo inevitable vaya a sufrir un ataque, sí es importante que por su propio bienestar, intente replantearse ese estilo de vida que muestra carencias notables.

Huye del síndrome de la ocupación continua

Este estado de ansiedad conecta con el síndrome de la ocupación continua del que muy posiblemente tú también eres víctima en algunos momentos.

Ese síndrome que te lleva a confundir la felicidad con la productividad de tener una agenda constantemente ocupada con una lista interminable de tareas. Una agenda llena de citas, objetivos y recados es una metáfora visual de ese estado de ansiedad del que no solo son víctimas quienes ocupan puestos de responsabilidad en las empresas.

Cada persona, desde su propia posición y nivel, suele sentirse ansiosa en muchos momentos. Te sientes así cuando a pesar de estar físicamente presente en el ahora, tu mente está en el futuro, centrada en aquello que todavía tienes pendiente de hacer. ¿Cuántos minutos de tu día desgastas con esta tendencia de ir por delante de la realidad? ¿Por qué vivir con la inercia de la prisa a cuestas cuando puedes tomarte las cosas con más calma?

Del ataque de ansiedad al ataque de pánico

Cuando una persona experimenta un ataque de ansiedad se siente como si estuviese inmersa en una burbuja envolvente que produce una especie de nebulosa mental. Es decir, la persona observa la realidad desde una perspectiva de peligro invasivo, siente la amenaza de algo que le hace perder el control. Y esto se muestra a través de la dificultad para respirar con normalidad.

En el ataque de pánico, un tipo de ataque de ansiedad intenso, la persona puede sentir incluso síntomas muy similares a los de un ataque al corazón. De hecho, es habitual que como consecuencia del malestar del momento, el paciente acuda a urgencias en busca de un diagnóstico. Y, de pronto, experimenta una gran sorpresa cuando descubre que su corazón está muy sano, pero su nivel de ansiedad le enferma.

Razones para no normalizar el estado de ansiedad

Como indica el propio término, un estado de ansiedad es una forma de estar en el mundo, es decir, es una posición que se sostiene en el tiempo y va causando un daño lento y continuo. Sin embargo, un ataque de ansiedad es una amenaza que ataca de forma radical al equilibrio emocional del sujeto.

Te la juegas cada día

La principal razón para no asumir un estado de ansiedad con normalidad es que, en muchos momentos, pasar del estado de ansiedad al ataque de ansiedad y, de allí, al ataque de pánico, es muy posible. Vivir con un estado de ansiedad asumido es estar en una permanente ruleta en la que te puede tocar un ataque de ansiedad cualquier día.

Te intoxicas de a poco

No debes acostumbrarte a convivir con la ansiedad, sencillamente, porque estás normalizando un estado tóxico que de algún modo debilita tus propios recursos emocionales y tu capacidad de respuesta para solucionar gestiones de la rutina cotidiana. Además, en algún punto, puede que centres tus expectativas en que otros estén intoxicados como tú. Por ejemplo, te puede parecer que tus compañeros de trabajo no se esfuerzan lo suficiente si no lucen tan agobiados como tú; o puedes percibir que tu pareja no tiene vida propia si no la ves solapando planes y agobiada por cumplirlos.

Cómo identificar un estado de ansiedad habitual

Por ejemplo, cuando los cambios habituales de humor son una norma de tu carácter, cuando te sientes desbordada por acontecimientos inesperados que ocurren en tu agenda, cuando observas que tu mente gira en torno a preocupaciones al más puro estilo de un disco rayado, entonces, intenta tomar conciencia de ello.

De un modo más visible, también puedes averiguar si estás siendo víctima de un estilo de vida ansioso si cuando tus amigas te proponen un plan para quedar, no puedes concretar un plan hasta dentro de varias semanas. Si ya no recuerdas cuándo fue la última vez que lo pasaste realmente bien, sin sensación de prisa, entonces, reflexiona al respecto.

El cuerpo y la mente no son máquinas, no funcionan de un modo automático. Esta es una de las razones por las que la presencia de un estado de ansiedad habitual puede derivar en un ataque de ansiedad, sencillamente, porque todo aquello que resistes persiste.

¿En qué casos no ocurre esta secuencia? Cuando a pesar de tener periodos de ansiedad, compensas estos momentos con otros muchos instantes en los que estás relajada, disfrutando de tu tiempo de ocio o invirtiendo tu vida en ilusiones de felicidad.

Igualmente, cuando a pesar de sufrir estos estados de ansiedad tienes recursos suficientes para canalizar esa energía negativa. Por ejemplo, sentido del humor, práctica de ejercicio físico, apoyos externos con los que puedes hablar de cómo te sientes… Los estados de ansiedad que derivan en un ataque también suelen ser la consecuencia del peso que ha aplastado a aquella persona que ha cargado en soledad con una preocupación importante.

Escucha los síntomas de ansiedad

Existen periodos de ansiedad que resultan adaptativos. Por ejemplo, cuando una persona prepara una oposición puede sentirse más ansiosa conforme se aproxima la fecha del examen, sin embargo, una vez que pasa dicha prueba, la persona retoma la normalidad en su vida.

Este ejemplo puede ayudarte a comprender cuándo la ansiedad tiene una razón lógica y cuándo no la tiene. Es decir, si te sientes ansiosa sin que una causa determinada genere en ti este estado, entonces, intenta reflexionar al respecto. Sencillamente, porque la principal lucha contra la ansiedad nace de ti, y parte de la promoción de la salud. ¿Por qué motivo? Porque puedes adoptar un cambio de actitud.

A veces, la ansiedad afecta a la raíz del núcleo esencial de la persona. Por ejemplo, altera sus hábitos de alimentación, su capacidad de concentración, su motivación laboral y su descanso. Recuerda lo importante que es cuidar tu salud. Estado de ansiedad y ataque de ansiedad son dos conceptos interconectados pero diferentes. Fomenta tu empoderamiento y aprende a cuidarte diferenciando estos términos de salud mental. Da el paso para una vida más tranquila, feliz y completa, con ayuda de los psicólogos de TherapyChat.

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