¿Hipocondríaco? Siéntete mejor con estos consejos

Trastorno hipocondríaco

Siente un miedo irracional a enfermar, a tener que depender de otros, a sufrir dolor… El individuo hipocondríaco, debido a que interpreta erróneamente algunas señales del cuerpo o síntomas reales pero leves, cree tener una enfermedad grave con mucha frecuencia. Se preocupa excesivamente por estas cuestiones y ello empobrece de manera notable su calidad de vida, afectando a todas sus áreas (social, laboral, familiar).

En efecto, un dolor de muela puede resultar, desde su óptica, el prenuncio de un tumor cerebral. Se debe a que la persona cree detectar señales de alarma donde no las hay. Puede llegar a confundir un dolor menstrual con los primeros síntomas de un cáncer de ovarios. ¿Por qué? Básicamente porque teme a la enfermedad.

Si, de alguna manera, te sientes identificado con esto, es posible que sufras el trastorno hipocondríaco. No te desanimes: conoce de qué se trata y aprende cómo tratarlo.

Trastorno hipocondríaco: ¿de qué se trata?

Suele definirse como el miedo y la preocupación exagerada a padecer enfermedades graves. ¿Algunos de sus síntomas más frecuentes? Preocupación desmedida e insistente en torno a la salud, continuo control y evaluación de las funciones corporales (desde la picadura de un mosquito a un simple dolor de cervicales), atención centrada en lo corporal (siempre buscando detectar síntomas de enfermedades diversas), visitas incesantes al médico, búsqueda permanente de información sobre enfermedades que se cree padecer (a través de Google, enciclopedias médicas o similares), ansiedad y estado de ánimo pesimista, así como la convicción de que lo que creen sufrir es grave y requiere una inmediata intervención.

No por casualidad se advierte, en los afectados, una desproporción de la atención hacia su estado de salud que los lleva a amplificar o sobredimensionar sus sensaciones corporales (como un simple dolor de tripa) y, en consecuencia, a vivir preocupados.

Van de consulta médica en consulta médica buscando que alguien les confirme el diagnóstico que tienen en mente y que exhaustivamente estudiaron por Internet. “Dígame qué padezco, doctor”, suplican a los galenos y estos no hacen más que negar la existencia de una enfermedad real. No confirmar el diagnóstico que tienen en mente no los tranquiliza y los conduce incluso a someterse a pruebas invasivas y/o cruentas como tomografías computadas, resonancias magnéticas, hisopados o colonoscopias para que al fin se hagan realidad sus peores pronósticos algo que, con mucha probabilidad, no ocurrirá.

Sus temores pueden considerarse imaginarios o distorsionados, cuando una irritación real de la piel es percibida como el inicio de un cáncer de piel con metástasis. No obstante, su malestar es cien por cien real. Por ello, no sirve de mucho decir a estas personas: «no te preocupes más, no te ocurre nada». Por el contrario, hay que respetar su padecimiento e intentar que superen su trastorno para que su vida deje de girar en torno a la salud.

Conductas compulsivas, obsesivas y de control aprendidas

Nadie se convierte en hipocondríaco de la noche a la mañana. La actitud de alerta constante ante los temas de salud o vinculados a la muerte o al sufrimiento, suelen estar presentes en otros miembros de la familia. No es algo innato, sino algo aprendido en los primeros años de vida que, con el paso del tiempo, en la edad adulta, va tornándose cada vez más insoportable y prioritario en la vida de la persona.

¿Nunca has escuchado “los Sánchez Toledo somos todos cardíacos”? En algunos grupos familiares, que funcionan como clanes, “pegoteados” unos con otros, la enfermedad brinda un sentido de pertenencia. En estas familias, aunque parezca mentira, es común que las emociones se exterioricen de manera exagerada, se tocan el pecho en señal de angustia y celebran a gritos la consagración de su equipo favorito, como si les fuera a dar un infarto.

Asimismo, en algunos grupos familiares, ante una febrícula que presenta un hijo se acude a toda velocidad a urgencias. Del mismo modo, la automedicación es un mal hábito cultivado en el seno familiar que, por repetición e imitación, se naturaliza generando estragos en la adultez.

¿Entiendes en qué consiste? Quizá ocurra algo parecido en tu entorno. Pero, no te alarmes, mantén la calma. El simple hecho de tomar conciencia de ello constituirá el primer paso para hacer frente a las posibles soluciones. ¡Anímate! Vas por el buen camino.

Consejos para hacer frente a la hipocondría

Como habrás notado, la hipocondría es una patología aprendida pero reversible gracias a unas sencillas pautas. Toma nota:

#1.- Empieza por no desanimarte

Tómatelo con serenidad porque de ello dependerá que puedas salir de este laberinto imaginario que te ha atrapado. Los procesos de mejora necesitan tiempo y por tanto, la paciencia es fundamental para avanzar. 

#2.- Analiza el origen de la preocupación

¿Qué circunstancias te llevan a tener una expectativa negativa respecto a tu estado de salud? ¿De dónde proviene ese pánico a enfermar? Quizá tu abuelita sufrió mucho a causa de una larga enfermedad y la has visto pasarlo mal cuando eras pequeña. O tal vez perdiste a un ser querido de manera súbita y lo creíste injusto en su momento.

Reflexiona ahora: no tienes por qué repetir historias pasadas. Nada de lo ocurrido a otros tiene por qué pasarte a ti.

#3.- Céntrate en tus sensaciones corporales

Para saber cómo superar la hipocondría debes dar importancia a tus sensaciones corporales y a tus reacciones ante ellas. No dejes que te manejen los pensamientos catastróficos en torno a la salud. Medita fríamente: ese dolor de cabeza que te molesta, ¿podría estar relacionado con tu obsesión? Tu vientre inflamado podría ser producto de una mala digestión, algo normal en todos los seres humanos.

La taquicardia que sientes cuando te presentas ante tu jefe es solo producto de tu ansiedad, no una arritmia que deba ser tratada con medicación. Intenta juzgar cada signo de alerta máxima por su valor real y no por el que le confiere tu imaginación.

#4.- Controla los síntomas del estrés

Mucho de lo que te ocurre es producto del estrés al que te lleva ese temor desproporcionado a padecer gravemente. Intenta centrarte en las causas de tu malestar y actúa para tratar tus síntomas. ¿Has probado con la meditación? Sería un momento más que oportuno. El simple hecho de prestar atención a tu respiración en momentos de ansiedad, te ayudará a serenarte.

#5.- Respeta tus tiempos

Uno de los puntos clave para saber cómo dejar de ser hipocondríaco es tener paciencia. Nadie es capaz de revertir un trastorno aprendido desde la niñez en tan solo minutos, horas o días. Ve a tu propio ritmo. Y si, tras superar algunas cuestiones, vuelves a tropezar con la misma piedra, ¡ánimo! Disponte a recomenzar el proceso tantas veces como creas necesario.

#6.- No intentes evadir el miedo; enfréntalo

Hacer consciente tu temor exagerado ante la muerte, el sufrimiento o el simple hecho de tener que depender de otros si te pones mala, es un modo de quitar peso a tus hombros. Procura ser objetiva ante los miedos. Con el tiempo, aprenderás a manejar cada uno de ellos y a gestionar el control de tus emociones de manera positiva. A tu favor.

#7.- Sé objetiva ante los avances

Reconocer la diferencia entre tu estado anterior y uno más evolucionado, tras haber logrado algunas mejoras, resulta fundamental. Alégrate por ello y carga las pilas para continuar por ese sendero. ¿Una buena noticia para ti? Hay luz al final del túnel.

#8.- Pide ayuda

Muchas veces, el simple hecho de ser consciente de lo que te ocurre y de cómo revertir la situación, no basta para sentirte mejor y dar por eliminada la hipocondría. Aquí puedes leer más consejos para la hipocondría.

Ayuda profesional: consultar a un psicólogo

Desde la psicología, son muchas las alternativas de tratamiento disponibles para aprender cómo curar la hipocondría. Entre ellas, destacan:

1) Técnicas de relajación para que aprendas a controlar los síntomas físicos provocados por un estado de ansiedad, y que consideras producto de una enfermedad grave.

2) Técnicas cognitivas para interpretar objetivamente esos signos corporales que te abruman y originan el bucle de pensamientos negativos.

3) Técnicas de distracción para que apliques en momentos de tensión y malestar.

4) Técnicas de gestión de las emociones que te ayudarán a neutralizar el miedo exagerado a enfermar, sufrir e incluso morir.

Pedir ayuda y orientación a un experto en salud mental aplacará tus temores. Verás cómo, a medida que avance la terapia, estarás mejor dotada de recursos y herramientas para superar lo que te aqueja. ¡Te sentirás aliviada y plena! No lo dudes. Si se trata de una persona de tu entorno la que la padece, aquí puedes encontrar consejos prácticos para saber cómo ayudar a un hipocondríaco.

Ahora que conoces qué significa ser hipocondríaco, hazte el favor de poner en práctica los consejos y, de ser necesario, solicitar asesoramiento psicológico. Recupera el control de tus emociones y de tu propia vida. ¡Adelante!

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¿Hipocondríaco? Siéntete mejor con estos consejos
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