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Ansiedad

Nervios. Consigue controlarlos con consejos prácticos

Seguro que en muchas ocasiones has sentido nervios por algún acontecimiento importante. Como, por ejemplo, hacer un examen decisivo, presentarte a una entrevista de trabajo, tu primer beso con la persona a la que quieres... Esa agitación que sientes por dentro es lo que comúnmente denominamos como nervios.

El nerviosismo es un mecanismo de respuesta innato de tu organismo y se activa cuando haces frente a los diferentes estímulos que se te presentan en tu día a día. Esta sensación puede resultar desagradable, básicamente porque está propulsada por el miedo y las dudas. Y cuánto mayor es el reto al que te tienes que enfrentar, mayor es el desasosiego que sientes.

A pesar de ser angustiante, esta reacción de tu organismo también es necesaria y útil. El sistema nervioso se encarga de activar tu cuerpo para que seas capaz de responder a los distintos elementos y te permite adaptarte a los mismos.

Funciones del sistema nervioso

El sistema nervioso tiene varias funciones, que se pueden diferenciar en tres categorías.

· La función sensitiva: es la que te permite reaccionar ante los diferentes impulsos procedentes de dentro y fuera de tu cuerpo.

· La función integradora: es la encargada de analizar la información que te llega a través de los sentidos para que tomes la decisión apropiada.

· La función motora: es la que se ocupa de generar las respuestas físicas para que, en función del estímulo que has recibido, reacciones de una u otra forma.

¿Cuándo son los nervios un problema?

Como ya hemos dicho, el estado de nerviosismo es un mecanismo de activación natural de tu cuerpo. Sin embargo, si los nervios son excesivos, se presentan ante situaciones normales o te limitan en lugar de ayudarte a avanzar, es cuando suponen un problema.

En estos casos, el miedo se convierte en una barrera que te limita, y que se combina con pensamientos negativos y perturbadores que afectan a las diferentes áreas de tu vida diaria.

Enfermedades derivadas de los nervios

Debido a que el sistema nervioso se encarga de conectar tu mundo exterior con el interior, son muchas las zonas que se pueden ver afectadas cuando funciona de forma alterada. En otras palabras, muchas de las situaciones que vives a diario dependen por completo de tu nivel de nerviosismo y cuando estás en un estado de alerta permanente, tu mente y cuerpo actúan de manera distorsionada.

El sistema nervioso se encarga de coordinar otros sistemas internos de tu cuerpo, de asegurarse que tus sentidos funcionan y responden correctamente ante los diferentes estímulos y de gestionar tus emociones. Es por eso que cuando te expones a un nivel muy elevado de tensión constante, tu salud física, psicológica y emocional se pueden ver perjudicadas.

Enfermedades del corazón

Como la hipertensión, las taquicardias e incluso el riesgo aumentado de que sufras un ataque cardíaco o un infarto cerebral. Esto es debido a que cuando experimentas altos y continuados niveles de nerviosismo, tu cuerpo segrega las hormonas del estrés, provocando así que el aumento de la presión sanguínea sea constante.

Patologías dermatológicas

Como los eccemas, la alopecia, la debilidad de las uñas, las manchas, el acné o la sudoración excesiva. El vaivén de tu estado anímico provoca un desajuste hormonal y endocrino que pueden representarse de diferentes maneras en tu cuerpo.

Trastornos endocrinos

El aumento sistemático de glucosa en la sangre puede conllevar enfermedades como la diabetes de tipo dos o la obesidad.

Enfermedades gastrointestinales

Náuseas, diarreas, vómitos o dolores estomacales, además de otros trastornos crónicos más graves que se producen cuando vives episodios persistentes de nerviosismo.

Problemas respiratorios

Cuando sientes nervios tu respiración se altera. Esto puede hacer que padezcas enfermedades como la apnea del sueño, alergias de distinta índole y asma.

Dolores musculares y de las articulaciones

Con la tensión tus músculos se contraen y es normal que cuando te calmes notes algunos calambres en tu cuerpo e incluso tengas sensación de cansancio. Sin embargo, cuando sufres nerviosismo sostenido pueden aparecer dolores frecuentes en el cuello y la espalda, además de contracturas y problemas en tus articulaciones.

Migrañas y cefaleas

Con el incremento de la presión arterial se pueden inflamar las capas que envuelven tu cerebro, también llamadas meninges. Esto deriva en dolor de cabeza, cefaleas, migrañas o  incluso problemas de insomnio.

Trastornos inmunológicos

Cuando la situación estresante se mantiene en el tiempo, tus defensas bajan y esto puede conllevar que padezcas resfriados y enfermedades infecciosas con mayor  frecuencia.

Patologías sexuales

Debido a los desajustes hormonales, puedes padecer alteraciones en los ciclos menstruales o disminución de la libido, además de, en los casos más graves, problemas de fertilidad tanto en hombres como en mujeres.

Trastornos psicológicos de la ansiedad

Cuando padeces muchos nervios y vives en un estado de estrés constante, corres mayor riesgo de sufrir síntomas de ansiedad. Asimismo, el nerviosismo no sólo puede causar la angustia, sino que también puede ser un factor de mantenimiento.

Trastornos de la conducta alimentaria

No es extraño que cuando sientes nervios  te saltes algunas comidas o consumas alimentos en exceso. Sin embargo, estos impulsos pueden convertirse en una rutina en tu vida diaria y ocasionar una patología de mayor gravedad.

Consejos prácticos para controlar los nervios

Como ya has podido comprobar son muchas las enfermedades que puedes desarrollar y mantener a causa de un estado de nerviosismo constante. Por eso es imprescindible que acudas a un terapeuta que te ayude a identificar el origen de tu tensión. A continuación, te contamos algunas de las técnicas que te pueden ayudar a controlar la tensión de una manera eficaz y efectiva.

Practica técnicas de relajación

Las técnicas de relajación constituyen una de las primeras recomendaciones para poder paliar tu nivel de nerviosismo. Existen diferentes opciones que puedes probar. Desde la relajación muscular progresiva de Jacobson hasta el entrenamiento autógeno de Shultz. La característica más ventajosa de estos procedimientos es que no necesitas más de unos minutos para llevarlas a cabo. Y una vez las has aprendido y empiezas a dominarlas, puedes realizarlas en cualquier sitio en el que te encuentres.

Aprende a respirar

Cuando estás experimentando un episodio muy intenso de nerviosismo y angustia tu respiración se torna superficial y rápida. Es por ello por lo que sientes que no te llega suficiente aire y se incrementa tu miedo a quedarte sin oxígeno.

Es importante que, en los momentos en los que permaneces en calma, practiques la respiración diafragmática. Consiste en inspirar hondamente por la nariz, sostener el aire unos segundos en tu estómago y exhalar por la boca lentamente. Cuanto más practiques este proceso, más fácil te resultará aplicarlo en los momentos de más tensión.

Haz los ejercicios del mindfulness

El mindfulness es un proceso con el cual logras obtener un estado de plena conciencia y se logra principalmente a través de la meditación. Su objetivo principal es que ejercites tu capacidad de concentración y te enfoques únicamente en el momento presente. Estas prácticas son sumamente ventajosas, ya que te ayudan a poner las cosas en perspectiva y a alejarte de los focos de tensión que te provocan los estados de nerviosismo.

Modifica tus pensamientos

Con los nervios aparecen los miedos, la angustia, las inquietudes y las inseguridades. En estos casos, es muy común que tu mente se vea asaltada por toda clase de pensamientos negativos que a la par son muy perjudiciales para ti, ya que condicionan tu propio comportamiento. Si bien es cierto que muchos de estos pensamientos son involuntarios o mecánicos, es importante que identifiques los mensajes perniciosos y los modifiques por instrucciones positivas que te alienten.

Habitúate a hacer deporte

El ejercicio físico es una excelente forma de despejar tu mente, aclarar tus ideas y activar tu cuerpo. Además, las hormonas que segregas cuando practicas deporte facilitan que tu cuerpo se destense y tengas una apacible sensación de bienestar. No es necesario que escojas un deporte extremo o demasiado intenso, especialmente si no lo practicas habitualmente. Para estos casos, nadar o salir a correr son tus mejores opciones.

Mantén una dieta saludable

En los momentos de más tensión, es posible que sufras ansiedad por la comida y no hay nada peor para tu cuerpo que tener que digerir grandes cantidades de comida pesada. Por tanto, trata de mantener unos hábitos alimenticios saludables. Realiza las cinco comidas diarias recomendadas por los expertos y opta por platos ligeros y de fácil digestión. No olvides que comer bien requiere masticar apropiadamente y sin prisas.

Descansa lo suficiente

Cuando experimentas altos niveles de tensión persistente, tus horas de descanso son las que salen más perjudicadas, ya que no duermes las horas suficientes ni descansas todo lo que necesitas. Es importante que tu cuerpo tenga tiempo para restablecerse, sobre todo cuando sientes muchos nervios. Las técnicas de meditación para antes de ir a dormir te pueden ayudar a conciliar un sueño reparador y que no te despiertes en plena noche.

 

En conclusión, los nervios son una respuesta natural de tu cuerpo que te ayudan a responder a los diferentes estímulos externos. Sin embargo, también pueden estar alterados y afectar a las distintas áreas de tu vida. Por lo tanto, es muy importante que acudas a un terapeuta si padeces constantes episodios nerviosos y aprendas las técnicas y herramientas que necesitas para paliar este estado.

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