Paz y conflicto según la psicología

Paz y conflicto

Paz, un concepto al que acudimos con mucha asiduidad pero que puede tener diferentes interpretaciones.

Mientras que para muchos la paz puede ser, simplemente, un deseo de Navidad o un valor representado por una paloma blanca, para otros puede abarcar dimensiones mucho más amplias desde el punto de vista intelectual o colectivo.

Y es que existe la llamada “paz interior”, ese estadío de búsqueda de conexión con uno mismo del que tanto se habla en la actualidad, y la paz como concepto político global, referido a la ausencia de conflictos armados.

La Real Academia Española recoge ocho definiciones principales y una decena más de definiciones secundarias sobre la paz. Pero, desde el punto de vista psicológico, el enfoque es más holístico, contemplando los procesos de cada persona y su relación con el entorno. A continuación, veremos mediante un ejemplo cómo se crea y cómo se gestiona un conflicto individual.

La paz comprendida a partir del conflicto

En la psicología, la paz se centra en los aspectos relacionados con el conflicto: cómo aparece, cómo escala, cómo se reduce y cómo se soluciona. Si has llegado a este artículo intentando encontrar un poco de paz en tu día a día, es posible que lo logres con esta pequeña guía.

#1. Piensa cómo has llegado a una situación de conflicto

El origen de todo conflicto y, por ende, de la pérdida de tu paz, está en las expectativas: cuando lo que deseas, tus intereses, tus necesidades o tus acciones no están en armonía con la realidad, entonces te encuentras ante un escenario conflictivo.

Puede que esté relacionado con otra persona, por ejemplo, “Mi pareja y yo no pasamos suficiente tiempo juntos”, pero en realidad siempre tendrá que ver contigo en primer lugar.

En este punto es muy importante que -antes de seguir poniendo expectativas en la otra persona- desmontes tu primera idea de conflicto hasta llegar a lo que verdaderamente te está afectando:

“Mi pareja y yo no pasamos suficiente tiempo juntos”: ¿Por qué esto es molesto para ti?

“Porque me gustaría pasar más tiempo con mi pareja”: ¿Para qué quieres pasar más tiempo con tu pareja?

“Porque siento que no estamos muy unidos”: ¿Y qué pasa si no estáis muy unidos?

“Acabaremos por distanciarnos y dejar la relación”

¡Bingo!

Lo que te arrebata la paz en tu día a día es que temes un distanciamiento con tu pareja que os conduzca al fin de vuestra relación. Albergar este temor ha dado lugar a una serie de pensamientos negativos que has intentando mitigar creando expectativas. Esas expectativas no se han cumplido y te han guiado hasta el conflicto en el que te encuentras.

#2. Piensa de qué tamaño es tu conflicto

Una buena manera de valorar cómo de complicado es el conflicto que te atañe, es imaginar que los problemas tienen una escala de tallas como las tallas de la ropa. Con esto en mente, pregúntate si tu conflicto es talla XS, S, M, L o XL.

Es posible que en un primer momento casi cualquier conflicto te parezca tremendamente grande y que retomar tu sensación de paz te parezca una misión imposible. En ese caso, prueba a relativizarlo. Si eso que te quita la paz es: “Mi pareja no pasa suficiente tiempo conmigo” plantéate otros problemas que consideres mayores, por ejemplo, “Sería más grave que mi pareja me fuese infiel”.

Con ese tope podrás replantearte la dimensión de tu conflicto: “Un conflicto talla XL es que mi pareja me sea infiel; un conflicto talla L es que me diga que tiene dudas de la relación; por lo tanto, que mi pareja y yo no pasemos suficiente tiempo juntos, podría ser un conflicto talla M”.

Cuando sepas la talla de tu conflicto, pregúntate si siempre ha sido del mismo tamaño o si has perdido la sensación de paz progresivamente. Continuando con el ejemplo: “Mi pareja no pasa suficiente tiempo conmigo y eso para mí es un conflicto talla M, pero últimamente me está afectando más que nunca.”

En ese caso, al saber que tu malestar escala, la prioridad es encontrar las herramientas y estrategias para que no evolucione. ¡Genial! Ya tienes algo por dónde empezar a trabajar para solventarlo y recuperar la paz.

#3. Reduciendo eso que te roba la paz

Las situaciones de conflicto no suelen resolverse cortando elementos de raíz, sino llegando a pequeños acuerdos que puedan conformar una solución progresiva.

Si seguimos con el ejemplo anterior de “mi pareja y yo no pasamos suficiente tiempo juntos”, no puedes pretender que tu pareja deje de lado todas sus actividades para centrarse en ti del tirón. Si lo hiciera, los reproches por su parte no tardarían en aparecer y, con ello, aparecería un nuevo problema de pareja.

Por lo contrario, debéis trabajar en equipo para ir generando espacios, y calidad dentro de esos espacios, que os lleven a sentir que estáis todo lo unidos que queréis y podéis.

Con estos acuerdos pequeños y su implementación pausada pero concatenada, el conflicto se va viendo acorralado y va dejando un hueco idóneo para albergar una sensación de paz, tranquilidad y calma.

Reducir paulatinamente los elementos que originan el conflicto, te permitirá adaptarte de manera fluida a la nueva situación, para que la paz pueda regresar y seas capaz de aceptarla y comprenderla.

Un corte abrupto o una paz “fácil” son maneras débiles de restaurar la armonía, ya que tu mente tendrá repentinamente mucho espacio disponible y será propensa a generar nuevas expectativas y, con ello, nuevos focos de conflicto.

#4. La paz está de vuelta: ¡Disfrútala!

Una vez superado el conflicto, con la paz restaurada en tu vida y en esas relaciones que se estaban viendo afectadas, tienes por delante la tarea de re-aprender a disfrutar del estado de tranquilidad.

En este punto es fundamental que tengas asumido que no todo puede ser o hacerse a tu manera, que no todo lo que pasa en tu día a día está bajo tu control y que hay cosas con las que simplemente tendrás que aprender a convivir.

Las personas tenemos diferentes valores, intereses y puntos de vista y es imposible que todos coincidamos continuamente.

Así, podrás reconocer y disfrutar de la paz en la medida en la que comprendas que nada es “perfecto” porque, para empezar, tu concepto de perfección no es el mismo que tienen otras personas.

Conclusión

Los conflictos no pueden evitarse, pero sí pueden gestionarse de manera constructiva para que no sólo se solventen, sino que además sean beneficiosos para ti.

Recuerda que tú no tienes la culpa de tener un determinado punto de vista, pero sí tienes la responsabilidad de que tus acciones sean cónsonas con tu manera de ver las cosas y, al mismo tiempo, respetuosas con la manera de los demás.

Si sientes que tus conflictos son inmanejables y, por más que intentas, no consigues restaurar la paz en tu vida, quizá necesites el apoyo de un profesional que pueda ayudarte a encauzar tus pensamientos y recuperar la tranquilidad.

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