Problemas de autoestima. ¿Cómo te afectan?

problemas de autoestima

¿Te has preguntado alguna vez por qué tu jefe es el jefe o cómo puede ser que a tu compañero lo hayan ascendido antes que a ti? Ellos saben “venderse bien”, ¿verdad? Y sí, cada mañana te topas con personas que salen a “comerse” el mundo y otras que, por el contrario, prefieren pasar desapercibidas. Los problemas de autoestima se pueden convertir en un freno a la hora de avanzar en la vida.

La autoestima es la valoración que uno tiene de sí mismo. Quienes no tienen suficiente amor propio tienen una autoestima baja y quienes, en cambio, se valoran y hacen resaltar sus virtudes (sin ocultar que tienen defectos, claro), son protagonistas de sus vidas y no meros espectadores de ella. Estos no se consideran víctimas de las circunstancias sino individuos capaces de decidir qué hacer frente a eso (positivo o adverso) que les sucede. 

Consecuencias de una autoestima bajo cero

Si eres de las personas cuya autoestima es baja quizá nunca te detuviste a pensar cómo ello puede estar afectando las distintas áreas de tu vida. Pero no te desanimes: todavía estás a tiempo de detectar errores y corregirlos.

“Ámate a ti mismo y luego ama a los demás”, reza el dicho. Y esta es la clave para que entiendas los efectos adversos de la autoestima baja en tu salud emocional. Repercute directamente sobre tus relaciones sociales: pareja, amigos, jefe, compañeros de labor, etcétera. Básicamente, las empobrece. ¿Por qué? Simple: alguien que no se considera merecedor del sentimiento de amor (propio, en este caso) y tiene una autoimagen muy negativa, va por la vida sin respetarse en un entorno laboral tóxico o se siente usado por sus parientes y conocidos por ser incapaz de decir “no” y poner límites.

¿Te vas dando cuenta hasta qué punto se necesita llevar la autoestima a un nivel adecuado? Las personas que sufren la manipulación o chantaje emocional, con frecuencia se sienten culpables de la situación que atraviesan. Justamente porque se creen meritorias de ese trato. Así, también quien busca trabajo y siente que falla en todas las entrevistas laborales, es muy probable que, inconscientemente, no se crea digno de una oportunidad profesional. Otro ejemplo es aquella persona que vive echando una mano al prójimo, pero jamás pide algo para sí: no se prioriza y se deja en un segundo plano.

Posibles causas de una autoestima poco desarrollada

Desde que nacemos, nuestra familia y entorno van generando versiones de nosotros mismos a partir de aquello que dicen sobre nuestra personalidad o atributos físicos. Si tu madre te repetía una y otra vez que estabas pasada de peso, seguramente despertó inseguridad respecto de tu físico. Si tu padre te crió para que seas abogado y resulta que, de adulta, te ha apetecido ser auxiliar de enfermería, a lo mejor te sientes en deuda por no cumplir con el mandato paterno.

También, el modo en que comenzamos a percibirnos desde pequeños repercute en cómo nos valoramos de mayores. Si una persona ha crecido pensando que era inútil e incapaz de alcanzar el éxito es probable que se mueva en su vida social y laboral como un auténtico perdedor, merecedor de un trabajo mediocre o de una novia que no lo valora. Si alguien al mirarse al espejo se desprecia, es difícil que vaya de copas con actitud de ligue. Y de nada vale que le digas al primero que no es ningún tonto o que le confirmes al segundo que el aspecto físico es solo un detalle… En general, no son de los que aceptan elogios y se hacen cargo de los halagos. En consecuencia, seguirán pensando lo mismo porque desde niños se han convencido de ello. A menos que, cansados de sufrir, al fin decidan dar un giro positivo a sus vidas. Y este puede ser tu caso.

La autoestima ladrillo a ladrillo

Tal vez pensaste, erróneamente, que la autoestima es innata y no se puede desarrollar. Pues debes saber que la autoestima se trabaja, se construye y se potencia. ¿Cómo? Comenzando por una auto-valoración consciente y realista que te permita conocer a fondo tus fortalezas y debilidades, sin que estas últimas hagan mella en tu amor propio. Es sabido que nadie es perfecto y que, para avanzar en la vida, hay que creerse capaz de ello, sacando a relucir las fortalezas y aceptando las flaquezas sin que estas se conviertan en una traba para alcanzar la conquista de tus propias metas.

Nadie mejor que tú para poner un freno al sufrimiento o al miedo al fracaso y tomar las riendas de tu vida. Si quieres que tus relaciones cambien, cambia tú primero. Si deseas un mejor trabajo, considérate capacitada para ello. Si tu pareja no te hace feliz, siéntete libre de ponerle fin y dar una vuelta de página en tu vida amorosa. No esperes de brazos cruzados que las cosas acontezcan; actúa y haz que sucedan. Cambia tu actitud y todo lo que te rodea se pondrá en eje contigo.

No se trata de saber “venderse” al resto destacando cualidades y ocultando desperfectos. No eres un objeto. De esto se trata: no esperes que la estima venga de afuera, sino de dentro. De ahí que se denomine autoestima al auto-concepto o auto-valoración: no depende de nadie más que de ti. ¿Qué implica? El amor propio es pura aceptación de uno, con sus luces y sombras. Si uno se quiere tal cual es, no pretenderá del resto ni más ni menos que lo mismo. Eso evitará que te posiciones en un rol de víctima, te motivará a tomar el control de tus emociones y el timón de tu vida, potenciando tu motivación personal.

¿Qué ocurre si me dejo para otro momento?

No ocurrirá nada o, por lo pronto, estate segura de que ocurrirá nada bueno. ¿Qué sí podría pasarte? Que caigas en las garras de una persona que chantajea emocionalmente, sufras una situación laboral negativa o permanezcas en una relación de pareja que lo único que haga sea hacerte sentir vacía y humillada. Por eso es tan importante que tomes la decisión de priorizarte. Tú lo mereces, tú lo vales.

Empieza como un niño pequeño: paso a paso. Al principio no será tarea fácil percibirte como valiosa y digna de amor. Pero pide ayuda. Solicita a un ser querido o a tu mejor amiga que te enumere algunas de tus cualidades o aspectos positivos: de tu físico (tu bella sonrisa, tu mirada), de tu personalidad (tu perseverancia, tu capacidad para empatizar) y de tu vida (la suerte que tienes de tener una familia alrededor, el amor que tus hijos sienten por ti). Es probable que nunca hayas perdido un minuto en este tipo de reflexiones. Puede que lo que recibas como respuesta te sorprenda y te ayude a conocerte más en profundidad. De eso se trata.

A medida que vayas ganando seguridad y autoconfianza, te será más fácil incorporar lo bueno y sentirte plena. Verás cómo, a partir de un cambio radical de actitud (perdedora a ganadora), todo en torno a tu vida se irá modificando o desapareciendo de ser necesario. Advertirás cambios en tus relaciones laborales; se resolverán conflictos que creías imposibles de remediar. En tu casa, a partir del control emocional y de tu creciente autoestima, verás como ya no discutes por nimiedades ni te molestan comentarios desafortunados. Pasarás de ellos porque ya nadie podrá convencerte de que mereces ser objeto de agravios o de humillación. Tu fortaleza mental hará de escudo para protegerte de todo aquel que quiera arrebatarte tu paz interior.

Manos a la obra… ¡Y a por ello!

En algunas ocasiones, no resulta sencillo  “levantar” la autoestima y puede ser de mucha ayuda una terapia psicológica. ¿Por qué? Porque no siempre somos capaces de llevar a cabo cambios profundos sin ayuda. Llevamos toda una vida en el sendero equivocado y, de la noche a la mañana, no es fácil dar un giro de 180 grados. A ello se suma que conversar con una amiga puede ser muy positivo, pero no siempre alcanza para hacer consciente la necesidad de un cambio de actitud.

Por ello, no temas la idea de consultar a un psicólogo. Un profesional capacitado puede ayudarte a detectar tus puntos menos fuertes y a construir, poco a poco, una auto-valoración que no te perjudique en tus relaciones sociales.

Si enfrentar a un terapeuta te genera pudor o crees que no serás capaz de abrirte y hablar de tus problemas de autoestima, ten en cuenta que también existe la psicología online. ¿En qué consiste? En vez de acudir a una consulta en un espacio físico, acuerdas una cita virtual y tienes la sesión por videollamada. Es un modo cómodo de hacer terapia sin moverte de tu casa. Lo importante será poder hablar de lo que sientas y pedir ayuda para alcanzar el bienestar emocional lo antes posible. ¡Adelante!

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