Relaciones de pareja: Inercia y conformismo

Inercia y conformismo

Dicen que la llama del amor hay que alimentarla. No falta razón. Os contaré mi historia con Antonio y los estragos que hicieron la inercia y el conformismo en nuestra relación. Nosotros, como muchas relaciones de pareja, tuvimos la suerte de poder reconducir lo nuestro.

Mi historia con Antonio

Cuando conocí a Antonio, creo que vi en él al hombre de mi vida. Conectamos desde el minuto cero y al poco tiempo empezamos una relación. Entre nosotros, como en casi todas las relaciones de pareja en sus inicios, hubo química, y también respeto, confianza, complicidad y apoyo.

Tras un sinfín de amores pasajeros, elecciones mal tomadas, fracasos sentimentales, desengaños amorosos y hombres equivocados, a mis veinticinco años, por fin, sentaba la cabeza. Y la sentaba desde el corazón.

Nuestra primera crisis de pareja

A los dos años tuvimos la primera crisis de pareja. Nuestra crisis no fue fruto de una discusión, ni de una infidelidad. Simplemente entramos en un círculo de rutina diaria y de costumbres repetidas que nos condujeron hacia una situación de aburrimiento y conformismo constante. No supimos ver que era una crisis, simplemente pensamos que era una fase más de nuestra relación. Una etapa de maduración. Tiempo después sabríamos que cosas así pasan todos los días, en muchas relaciones de pareja.

La inercia es lo que permite que dos cuerpos se mantengan en un estado de reposo o de movimiento relativo. Solo una fuerza externa puede cambiar la situación. Si no es así, simplemente los días pasan y el desinterés crece. En ocasiones, la inercia permite que dos personas sigan juntas, aunque no estén unidas, ni quede nada entre ellas. El miedo es un gran aliado de la inercia, es el que nos impide cambiar y avanzar.

La inercia en las relaciones de pareja

En psicología, la conocida como inercia mental crea una situación de dependencia del entorno y de lo que nos rodea. En mi historia con Antonio, llegamos a la inercia de pareja desde el conformismo como personas. Los dos nos habíamos creído que estábamos hechos el uno para el otro.

Como no fuimos conscientes de nuestra primera crisis, tampoco la resolvimos. Pensamos que necesitábamos un cambio. Teníamos edad de vivir juntos, así que en plena burbuja inmobiliaria, nos compramos un piso.

Hay relaciones de pareja en las que se decide avanzar teniendo hijos, como si los niños fuesen a resolver su problema. Nosotros nos hipotecamos. Nos dieron las llaves y dejamos pasar tiempo hasta comprar los muebles. Ninguno de los dos tenía ilusión.

Cuando nos instalamos éramos más dos amigos que una pareja. Dos personas que conviven juntas. Nos organizábamos de maravilla, pero ni rastro del sexo. Ni siquiera discutíamos, y es que cuando una pareja entra en esta fase, ya no hay discusión que valga, porque el desinterés es tan grande que nada importa. En nuestra fiesta de inauguración, mi amiga me preguntó que si aquello era una fiesta de inauguración o una de clausura. Me reí, pero tenía toda la razón del mundo.

Los días seguían igual. Yo, por aquel entonces, acababa tarde y me iba al gimnasio. ¿Y qué pasó? Pasó lo que puede pasar en una relación por inercia, que solo una fuerza exterior la puede romper. Conocí a alguien que despertó un sentimiento en mí. Una pequeña ilusión. Advertí que me pasaba el día pensando en él y que adaptaba mis horarios para coincidir. Entonces me di cuenta de que mi relación con Antonio no tenía ningún sentido. Aquí puedes leer más sobre si desenamorarse implica el fin de una relación.

 Nuestro secreto para salvar la relación

Aunque las cosas ya no iban bien, entre nosotros seguía existiendo una gran confianza. Le dije lo que me pasaba. Tras cinco años juntos, no era justo dejarle sin más. Me sentía completamente confusa, no sabía si esa pequeña ilusión era real o solo una manera de escapar. Lo hablamos.

En realidad nos queríamos, así que decidimos luchar antes de tirar la toalla. Empezamos una terapia de pareja. Pensamos que necesitábamos una guía para reconducir la situación y nos pareció buena idea comenzar una terapia online.

Al principio me sentía escéptica, sin embargo, el psicólogo online me sorprendió. En las primeras sesiones dimos con el problema. En realidad, lo que nos pasó es que durante años habíamos acumulado conflictos sin resolver que fueron mermando la relación. Detalles a los que no les hacemos caso, pero que hacen mella, enfrían y distancian. Nos sinceramos. Sacamos todo lo que teníamos dentro. Empezamos a empatizar el uno con el otro, a escuchar más y culpar menos.

Al desprendernos del rencor y de las frustraciones sentimos una especie de liberación, y ese fuego que estaba a punto de apagarse, revivió. Nos prometimos luchar por un nosotros, nuestras relaciones sexuales volvieron a ser ardientes y divertidas. Gracias a la ayuda de pareja empezamos a sentirnos mejor con nosotros mismos, lo que se tradujo también en la relación.

Antonio y yo estamos a punto de celebrar quince años juntos. De la pasión que recuperamos nació nuestra hija, y tenemos otro peque en camino. Puedo decir que somos muy felices. Una terapia para parejas puede salvar una relación. Nosotros aprendimos de los momentos difíciles. Mejoramos como personas y como pareja.

Si, al igual que la protagonista de este testimonio, consideras que es el momento de hacer algo para recuperar la ilusión en tu relación de pareja, no lo dudes y confía en la ayuda del psicólogo de pareja.

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