Síntomas del ataque de pánico

ataque de pánico

Los ataques de pánico vienen producidos por un miedo irracional o un malestar intenso que puede aparecer en cualquier momento y lugar, aunque no haya nada físico a lo que temer. Normalmente es un miedo a algo que tenemos presente en la mente, pero que es intangible. Por eso se define como irracional. En este artículo vamos a hablar sobre los síntomas del ataque de pánico.

¿En qué consiste un ataque de pánico?

Hay síntomas del ataque de pánico que pueden ser notados con anterioridad y que nos preparan para este. El sistema nervioso de algunas personas se puede activar dando señales de alarma justamente en lugares o momentos inadecuados. El ataque de pánico lleva consigo  unas sensaciones emocionales y físicas que hacen que las personas piensen que están amenazadas realmente. Estos ataques suelen ocurrir en lugares seguros, en los que no existe ningún peligro real y en los que las vidas de las personas están seguras.

Las crisis duran pocos minutos, pero para ellos se vive como una eternidad porque comienzan a tener síntomas de un ataque al corazón y lo sufren como un episodio terrorífico cercano a la muerte.

Una de las dificultades de las personas que sufren los ataques o crisis de pánico es la obtención de un diagnóstico adecuado.

Síntomas de los ataques de pánico

Los criterios diagnósticos del trastorno de pánico incluyen trece síntomas. Se requieren cuatro de los trece síntomas para que podamos diagnosticar el problema como una crisis y, con ello, diagnosticar el ataque de pánico como trastorno.

Los síntomas del ataque de pánico: palpitaciones, sudoración, miedo a morir, a desmayarse, a perder el control o a volverse loco, dolor en el pecho, mareos, temblores, sensaciones de frío o calor, ahogos, náuseas, debilidad y sensación de irrealidad, entumecimiento de extremidades, sensación de hormigueo, sensación de atragantamiento, entre otras que estén estrechamente relacionadas con las anteriores.

Cuando tenemos un ataque de pánico, aparece inquietud o preocupación ya que lo primero que hacemos es querer evitar un segundo ataque o una crisis, por lo que comienzan a aparecer conductas de evitación en el sujeto, que van destinados a evitar ese ataque de nuevo.

Las crisis de pánico no son iguales de una persona a otra, ni siquiera en una misma persona de un momento a otro. Hay cuatro perfiles sintomáticos particulares que son los más predominantes en los estudios: el área cardiológica, neurológica, neumonológica; y por último, gastroenterológica.

Otros trastornos asociados a los ataques de pánico

Los ataques de pánico frecuentemente van acompañando a otros trastornos, principalmente trastornos de ansiedad como la agorafobia (miedo a espacios abiertos, ya que normalmente las crisis se dan en estos), o depresión y/o los problemas por sustancias, tanto alcohólicas como estupefacientes. Los estudios nos muestran que el 30 % de las personas que conviven con este trastorno sufren, además, depresión.

Muchos de los pacientes que conviven con un trastorno de pánico o agorafobia tratan de aliviar esa ansiedad mediante la ingesta de psicofármacos sin un estricto control médico, habituándose a estos y, por tanto, entrando en un bucle más complicado de ansiedad.

¿Quién suele sufrir el trastorno?

No hay una única causa para la aparición de un trastorno de estas dimensiones, pero podemos decir que alrededor de un 30% sufrirá una crisis de pánico en algún momento de su vida.

Entre las causas del ataque de pánico se encuentra una predisposición biológica, las características familiares o la elaboración que hace el paciente de sus creencias. Agregándole a esto que la mayoría de pacientes tienen antecedentes de algún acontecimiento estresante que le haya llevado a generar esa sensación de ahogo. A partir de ese momento son más vulnerables con la aparición del primer ataque.

Es un problema con más peso en la población femenina que en la masculina. Los ataques de pánico comienzan entre los 25 años y los 35 años, aunque pueda presentarse también en niños y en adolescentes.

¿Qué hacer si tienes un ataque de pánico?

Es probable que no sepas qué hacer ante un ataque de ansiedad. En la mayoría de ocasiones es frecuente que ocurra en lugares públicos o de gran tránsito. Si percibes los síntomas del ataque de pánico y sientes que va a iniciar, retírate a un lugar tranquilo y aislado siempre que puedas, te ayudará a  relajarte.

La ansiedad es una irrupción del futuro, aparece de manera irracional y nos indica que algo nos ataca, pero ese algo puede incluso no existir. Debes potenciar estrategias que te ayuden a mantenerte en el presente, encuentra algo en tu entorno que te distraiga de todos los pensamientos negativos que comenzarán a pasar por tu cabeza.

Si en ese momento estás acompañado por alguien que conoce de estas crisis, puede ayudarte hablándote. Si respiras profundamente y desde el abdomen, puede que te relajes mucho más rápido y dejes salir toda esa tensión.

Los ejercicios de respiración han sido remedio para la ansiedad desde hace mucho tiempo. Si respiras profundamente cuando aparezcan los síntomas de ansiedad, notarás cómo vuelves a la realidad y empiezas a encontrarte mejor. Sin embargo, si no prestas atención a la respiración o no lo hagas de la forma correcta, puede que te marees y consigas justo lo contrario: más tensión, más estrés y un nuevo ataque.

Si alguna de las técnicas que has usado en el pasado te han ayudado a superar los ataques de ansiedad, ¡enhorabuena!, debes anotarlo para así reconfortarte si vuelves a tener uno. Una lista con esas prácticas de relajación puede que sea la fuerza que te falte cuando estés pasando un momento malo.

No olvides que, si previenes, haces el doble. Si reestructuras tu rutina evitando los comportamientos que te llevan a la ansiedad y comienzas con hábitos que te ayudan a no entrar en una crisis, notarás que puedes salir sin el peso de no estar a gusto en la calle por si te pasa de nuevo.

¿Cuál es el tratamiento para los ataques de pánico?

Este trastorno, como la agorafobia, son problemas que pueden ser tratables fácilmente una vez que hayan sido diagnosticados. La recuperación puede darse en cuestión de meses, aunque los plazos dependen mucho del paciente y de las circunstancias que este tenga. Lo más exitoso es la terapia psicológica, combinada con tratamiento farmacológico si se considera necesario.

A nivel conductual, en la terapia se harán exposiciones graduales a la situación temida. Así se evita que las personas que están dominadas por estas situaciones se dejen llevar por ellas. Ir avanzando en la exposición a las situaciones temidas de forma gradual, hará que se empiecen a afrontar con éxito.

A nivel cognitivo, es importante poner el foco en cómo cambiar la forma en la que la persona se está viendo a sí misma contra sus temores. El paciente se va entrenando para así poder analizar los pensamientos que tiene y saber parar aquellos que le introducen en un círculo vicioso de malestar. La terapia cognitiva se va a ocupar de reestructurar los pensamientos distorsionados sobre el problema. Desarrollar habilidades para controlar la ansiedad y las emociones que comenzamos a notar en esos momentos de angustia.

A nivel farmacológico, la medicación siempre debe estar regulado por un profesional de la medicina y acompañada de terapia, para así abordar el problema desde diferentes perspectivas y dotar a la persona de las herramientas necesarias para combatir los síntomas del ataque de pánico.

Conclusión

En resumen, tener un ataque de pánico es más normal de lo que creemos, lo que ocurre es que cuando lo padecemos, aparece el miedo a sufrirlo de nuevo por el malestar que ha generado.

No dudes en buscar la ayuda profesional para gestionar la ansiedad y aprender a gestionar los síntomas del ataque de pánico para evitar el malestar posterior.

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