Somatizar. ¿Qué es y cómo evitarlo?

Somatizar

El ser humano es muy complejo. Sin embargo, históricamente han existido enfoques psicológicos que planteaban una separación entre cuerpo y mente que no se ajusta a la realidad psicológica.

De esta simplificación deriva la idea de que los problemas, síntomas o trastornos físicos siempre tienen un origen también físico. Sin embargo, la realidad es que las personas pueden sufrir síntomas totalmente físicos, como un dolor crónico de cabeza, como consecuencia de un problema o dificultad emocional. A esta afección o trastorno se le denomina comúnmente somatizar.

¿Qué es somatizar?

El trastorno por somatización, desde el punto de vista de la psicología, es una forma de defensa ante la ansiedad emocional. La persona tiene un conflicto emocional que le genera una gran ansiedad pero lo desplaza hacia el sufrimiento de síntomas físicos.

Históricamente se llamaba Síndrome de Briquet, y su prevalencia es de un 2%, es decir, lo sufre un porcentaje bastante importante de la población. ¡Dos de cada cien personas!

Suele comenzar en la adolescencia y habitualmente las personas que lo tienen describen síntomas de manera más dramática de lo habitual, con mucha ansiedad, y se quejan de que los médicos no les encuentran lo que tienen. Suelen padecerlo en mayor proporción las mujeres que los hombres.

Debes tener en cuenta que no es consciente, es decir, no se toma la decisión de sufrir un dolor psicosomático o sentir náuseas, sino que sin darse cuenta el organismo de esta persona reacciona así. Debe quedar claro que no es un fingimiento, la persona lo sufre realmente.

Normalmente, cuando una persona acude al médico sufriendo dolores de manera continua pero no se puede encontrar ninguna explicación física que los cause, el médico se plantea la posibilidad de que haya comenzado a somatizar.

Sensaciones habituales en la somatización

Lo que para la mayoría de personas son síntomas de ansiedad, y se diagnostican como tal, las personas que presentan esta forma de vivir la ansiedad interpretan estas sensaciones de forma diferente. Con un ejemplo se entiende mejor:

A lo largo del día, y de manera normal y fisiológica, se perciben síntomas físicos de todo tipo, por ejemplo:

– Movimientos intestinales.

– Tinnitus o zumbidos.

– Cambios en la frecuencia cardíaca.

– Dificultad para respirar durante el esfuerzo físico.

– Sentir la piel excesivamente húmeda o seca.

Lo normal es que todo esto no signifique nada para las personas y habitualmente son sensaciones que se dejan pasar. Sin embargo, quien tiende a somatizar se fija en estas sensaciones intentando buscarles explicación. A esta forma de vivir las sensaciones corporales se le llama fijación somática.

Si esto sucede en situaciones muy estresantes, como la muerte de un ser querido, una situación grave como la pérdida de trabajo o similar, no es un trastorno de somatización como tal sino algo transitorio. Aquí puedes leer más sobre la relación entre somatización y estrés.

Pero, si por el contrario, esto se vuelve la forma habitual de responder ante cualquier problema o se hace crónico a partir de un momento dado, puede que sí tenga esta importancia clínica.

Esto es muy importante porque la mayoría de nosotros hemos somatizado alguna vez. De hecho, en los procesos de duelo es habitual. No se puede hacer un diagnóstico de este tipo si no es algo crónico, habitual, persistente y que afecta a la vida social y personal de manera importante.

De hecho, las depresiones suelen ser procesos en los que los pacientes somatizan con bastante frecuencia. Se estima que entre el 63 % y el 94 % de las personas con depresión han tenido este tipo de síntomas en algún momento.

Síntomas frecuentes

Alguno de los síntomas son los siguientes:

– Dolores muy frecuentes: de cabeza, abdomen, espalda, articulaciones, pecho… También puede aparecer dolor intenso en la menstruación, durante las relaciones sexuales o cuando orinan.

– Problemas gastrointestinales: náuseas, distensión abdominal o vómitos, por ejemplo. También es frecuente la diarrea o la dificultad para digerir ciertos alimentos.

– Síntomas sexuales: desinterés o falta de deseo sexual, disfunción eréctil y eyaculatoria en hombres, sangrado excesivo o alteraciones menstruales en mujeres.

– En ocasiones aparecen síntomas neurológicos, como dificultad para tragar, sentir un nudo en la garganta, afonía, sordera, ceguera, amnesia, retención urinaria o pérdida de la sensibilidad en la piel.

– Cuando se explora y se hacen pruebas, nada encaja, es decir, no podemos explicarlo por una enfermedad física o médica. Pero tampoco se puede explicar porque la persona consuma drogas, alcohol o algún fármaco.

Cómo prevenir y tratar la somatización

Cuando una persona está diagnosticada de este trastorno, pueden combinarse algunos fármacos para aliviar los síntomas físicos con el tratamiento psicológico que habitualmente suele ser terapia cognitivo conductual.

Una terapia que mejore la comprensión que el paciente tiene de lo que le ocurre puede ser de gran ayuda. De esta forma la persona se va dando cuenta de que son las dificultades de su vida, tanto en el trabajo o estudios como a nivel personal, lo que le cuesta afrontar o lo que genera conflicto.

El problema es que muchas veces, como los síntomas físicos son tan reales, estas personas rechazan un tratamiento psicológico. Si la persona rechaza que en su caso sus síntomas son de origen psicológico, es fundamental empezar explicándole qué es la somatización.

¿Qué puedes hacer?

Lo ideal es que el médico de familia que suele ver a esta persona le ayude a comprender poco a poco lo que le pasa. Si se ha de derivar al psicólogo o psiquiatra es importante explicar que el hecho de que se trate de somatización no significa que se esté inventando nada. Son síntomas reales, pero puede aprender a manejarlos de forma que no le impidan vivir mejor.

Cómo hacerlo

Si crees que puedes estar sufriendo este tipo de síntomas es muy importante aprender a manejar la ansiedad:

– Aprender a gestionar los conflictos de la vida diaria, con una persona que te guíe y te ayude a afrontarlos de manera apropiada. En este sentido, la terapia es fundamental para que sientas avances en el día a día.

– Si el médico recomienda algún ansiolítico o antidepresivo, este puede ayudar. Pero la terapia es necesaria a largo plazo, ya que se debe de cambiar la forma de comportarse ante los conflictos emocionales. Con apoyo y persistencia se puede lograr una gran mejoría.

La terapia

El punto de partida es evaluar los síntomas, y una vez que se conocen al detalle se pasa al establecimiento de objetivos terapéuticos. Más tarde, tras la explicación detallada al paciente de lo que está ocurriendo y por qué se trabajará para modificar pensamientos y comportamientos. Los pensamientos disfuncionales no solo no tienen una función concreta sino que producen más malestar a la persona que los sufre. Trabajar estos esquemas de pensamiento es fundamental para lograr que la persona se sienta mejor.

La terapia, además, potenciará la autoestima de la persona, enseñándole a aceptar sus logros, sus valores, sus capacidades y virtudes positivas y reconocérselas.

Consejos para la somatización

#1.- Identifica que algo está ocurriendo

Es muy importante «darse cuenta» de que hay un problema emocional. Cuando sufres de un dolor o un malestar físico y no existe una causa orgánica que lo justifique, piensa si hay algún problema que te pueda estar afectando.

#2.- No evites el problema

Debes verbalizar lo que te pasa, y llamar a cada cosa por su nombre, sin evitar afrontarlo realmente. Por ejemplo, si no puedes soportar un trabajo que excede tu fortaleza psicológica, es muy importante expresarlo y decírtelo a ti mismo y a las personas de tu alrededor.

#3.- Pide ayuda

Si fuera necesario, acudir a un psicólogo, el hecho de reconocer lo que te pasa hace que nos sintamos mejor y descarguemos emocionalmente parte del problema. Es la terapia con un profesional la que te va a proporcionar las estrategias necesarias para encontrarte mejor y te va a enseñar a gestionar los conflictos emocionales de forma eficaz.

#4.- Cambia la forma de pensar

Es necesario aprender a pensar de forma sana. Y esto a veces es el motivo principal de acudir a terapia. No es para curarte de una enfermedad, sino para aprender a pensar de forma diferente. Por ejemplo, vivir con miedo, con rencor, con tristeza o sentir ansiedad pueden ser causas que lleguen a producir enfermedades psicosomáticas. No pierdas la oportunidad de aprender a pensar de una forma más positiva. Y una de las claves es: tú controlas las emociones, las emociones no deben controlarte a ti.

Si es necesario, debes evitar esas situaciones que tanto malestar emocional te hacen sentir. Sabemos que no es fácil dejar un trabajo o una relación personal, sin embargo, a veces hay que tomar esa decisión para poder mejorar. El estrés crónico es peor para tu organismo.

#5.- Cuida tu rutina y ábrete a los demás

Repasa tu estilo de vida y cambia de hábitos. Busca apoyos sanos en amistades o, incluso, comienza a realizar actividades que impliquen ayudar a otras personas. Sentir apoyo de otras personas es sumamente importante.

Además, debes tener paciencia contigo y darte permiso para desahogarte. Llorar, compartir tus temores y tus emociones es necesario y muy recomendable. Aquí puedes leer más sobre la eficacia de la relajación en las situaciones de estrés.

#6.- Actitud positiva

El cambio de mentalidad es sumamente importante. Aunque fuera a causa de una enfermedad física real, una actitud positiva hace que esa misma enfermedad cambie totalmente. Se ha demostrado que una actitud positiva mejora el ritmo cardíaco, mejora las defensas del organismo, hace que generemos endorfinas que mejoran nuestro bienestar físico y mejora tu autoestima.

En realidad, y seguramente, cambiando tu forma de afrontar los problemas puedes mejorar bastante tus síntomas físicos. Y, sobre todo, debes entender que somatizar no es ningún defecto del carácter. Nos ha pasado a todos en algún momento de nuestras vidas, sin embargo, puedes hacer algo. Sigue estos consejos, acude a terapia psicológica, mejora tus hábitos de vida, detecta las cosas, personas o situaciones que te hacen sentir mal e intenta cambiar lo que te hace estar así. ¡Puedes hacerlo!

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Somatizar. ¿Qué es y cómo evitarlo?
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