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Tipos de estrés y cómo identificarlos

Aunque puede que lo desconozcas, existen diferentes tipos de estrés y cada uno de ellos puede generarte una sensación diferente. Así pues, en este texto vamos a identificar cuáles son las diferentes tipologías haciendo referencia a sus síntomas y otras peculiaridades.

Tipos de estrés según sus signos

En este caso, vamos a hablarte del estrés positivo y del distrés o estrés negativo. Esta clasificación se basa en la utilidad y efectos que tiene la sensación de estrés en la persona que lo padece. Una perspectiva que pocas veces se toma en cuenta.

Estrés positivo

Algo muy contrario a la creencia general es que el estrés no tiene por qué causarte mal. El estrés positivo te ayudará a salir de situaciones que te generen una cierta ansiedad de forma más rápida y eficiente.

Normalmente, sufrirás estrés positivo cuando estés bajo presión ya que tu cuerpo interpretará que esta sensación es positiva al darte más energía para afrontar tus obligaciones. Por tanto, estarás más motivado y con un nivel de actividad mayor.

Además, esta tipología se asocia a emociones positivas como la propia felicidad.

Distrés o estrés negativo

En este caso, lo que caracteriza el surgimiento de esta sensación es la anticipación a una situación negativa y la creencia de que algo va a salir mal. Esto, a su vez, te provocará una ansiedad que te paralizará por completo.

De esta manera, sentirás cierto desequilibrio y te sentirás incapaz de hacer aquello que debes al verse neutralizados los recursos normales de los que sueles disponer. Por tanto, acabará por generarte tristeza e incluso ira.

Tipos de estrés en base a su duración

Hablaremos de tres tipos dependiendo de la duración y de las causas del estrés. Cada una de ellas tiene una duración estimada, no obstante no suelen tener efectos positivos.

Estrés agudo

El desencadenante principal de este tipo de estrés son tus exigencias, tanto las que tú te impones como las que vienen impuestas por tu entorno. Un ejemplo sería el estrés de la convivencia.  Las exigencias de este tipo pueden ser positivas, pero cuando acaban obsesionándote, pueden generarte una presión y ansiedad bastante desadaptativos.

Lo más común es que las exigencias se fundamenten en tu pasado reciente o pueden ser fruto de tus anticipaciones de cara a un futuro próximo. Es cierto que en pequeñas dosis esto puede ser positivo, sin embargo cuando te obsesionas demasiado con esto puede resultarte agotador y acabar mermando tu salud tanto física como mental.

En cualquier caso, este tipo de estrés no dura demasiado por lo que no deja secuelas y resulta fácil de superar. Para que puedas reconocer si padeces uno de estos tipos de estrés, estos son algunos de los síntomas que puedes experimentar.

- Dolores musculares: como de espalda, contracturas o dolores de cabeza.

- Emociones negativas: como ansiedad, frustración, miedo por la incertidumbre e incluso depresión.

- Problemas digestivos: el estrés puede generar cambios en el funcionamiento de tu estómago por lo que las alteraciones son bastante comunes. Así pues, presta atención a esto si sufres estreñimiento, acidez, diarrea o dolor abdominal.

- Sobreexcitación del sistema nervioso: esto no es un síntoma en sí ya que no lo notarás como tal, pero sí que crea varias reacciones en tu cuerpo. Entre ellas, pueden destacarse el aumento de la presión sanguínea, la taquicardia, las palpitaciones o náuseas, un aumento en la sudoración y ataques de migraña.

En caso de que creas que padeces estrés de este tipo, no debes preocuparte en exceso. Cuando se manifiesta, suele deberse a circunstancias temporales. No obstante, si los problemas que te causa se prolongan en el tiempo y no sabes cómo controlar los nervios, no dudes en acudir a un profesional especializado.

Estrés agudo episódico

Junto con el que te hemos mencionado anteriormente, este es de los más tratados en las consultas. Lo más común es que aparezca si te impones exigencias irreales que suelen provenir de la sociedad.

Cuando sufres  uno de estos tipos de estrés es frecuente que te sientas con un mayor nivel de irritabilidad. Cualquier cosa que te suceda o que los demás te puedan decir o hacer lo magnificarás de forma desproporcionada. Esto, a su vez, te generará una fuerte angustia debido a tu incapacidad para controlar tus emociones y las variables que te afectarán en las expectativas que te has generado.

Otro indicio es que sentirás preocupaciones constantes hacia tu futuro próximo, pensarás en todo lo que puede salir mal y puede que crees una imagen distorsionada de la posible realidad venidera.

Lo más frecuente es que tengas una actitud hostil por lo que dirigirse hacia ti será una tarea harto compleja. Así pues, cuando seas consciente de que tienes este problema será cuando puedas pedir la ayuda necesaria para superarlo.

Estrés crónico

El estrés crónico es el más grave de todos los tipos de estrés. No obstante sus detonantes solo se dan en circunstancias extremas.

Un ejemplo de ello sería, por ejemplo, que te encontrases continuamente en un entorno hostil o límite como puede ser la cárcel o en una guerra. Estas son situaciones extremas en las que siempre has de estar alerta por lo que el desarrollo de esta sensación de continua ansiedad sería bastante racional.

Otro suceso desencadenante puede ser el hecho de que hayas vivido un trauma en tu infancia o sufras algún tipo de estrés postraumático. Debido a la gran desesperanza que llegas a sentir en una situación similar, tus creencias y tu escala de valores se pueden ver modificados.

A todas luces, esta es la tipología más grave y puede tener unas consecuencias muy destructivas para tu salud mental. Las secuelas que pueden quedarte tras el sufrimiento de este estado pueden ser muy graves tanto a nivel psicológico como físico.

La primera de estas secuelas es el desgaste mental y físico. Por un lado, no puedes cambiar la situación que te genera el estrés y, normalmente, tampoco puedes huir. Esta sensación de no poder hacer nada es una de las más perjudiciales.

Al no poder hacer nada, tu mente se acostumbra y se somete a esta sensación. Es frecuente que quienes tienen este problema rechacen el tratamiento ya que consideran que es su estado normal y que les identifica.

Diferentes estudios han demostrado la relación entre este estado de ansiedad y el desarrollo de enfermedades físicas. Entre ellas destacan las del aparato digestivo, el cáncer, enfermedades de la piel y problemas cardíacos. También hay otras consecuencias de índole psicológico como por ejemplo la inseguridad y sensación de indefensión. Esto podría llevarte a desistir de cualquier reto por pensar que no es posible que lo consigas.

Finalmente el estrés crónico si no es resuelto puede desencadenar en ansiedad y depresión pudiendo ocasionar en circunstancias extremas situaciones de mayor gravedad.

Similar al Síndrome de Estocolmo

De igual forma, el estrés crónico es capaz de crear en la persona que lo sufre algo similar al Síndrome de Estocolmo. En primer lugar, puede que ni siquiera seas consciente de que estás padeciendo este estrés ya que el sufrimiento y la tensión continua pueden ser los únicos estados emocionales que conozcas debido al tiempo que llevas soportando este problema. Pero además, esto puede incluso llegar a gustarte. Al final te acabas acostumbrando ya que dejas de reconocer otras opciones más sanas.

Factores de riesgo para su aparición

Hay ciertos factores que pueden hacerte proclive a padecer estos tipos de estrés. Por ello, si los evitas y los trabajas, tendrás menos posibilidades de sufrir este problema.

Agentes internos

Es decir, los que están en tu propia mente:

- Timidez: ya que esto puede hacerte más sensible a las situaciones de estrés

- Autoinfluencia: por la forma de interiorizar que tengas las situaciones de tensión

- Predisposición a la ansiedad: si sueles sentir inquietud ante aquello que no conoces

Agentes externos

Es decir, aquellos que no puedes controlar porque provienen de tu entorno:

- Finalización de una costumbre

- Sucesión de algo inesperado

- Contradicción del conflicto: es decir, que donde había orden se desencadene el caos y haya que adaptar el orden anterior al caos presente

- Desamparo de lo inamovible: cuando ante una situación no puedes hacer absolutamente nada

Ponte en manos de profesionales

Antes de dar por terminado este texto, no podemos dejar de hacer hincapié en lo necesario de ponerse en manos de profesionales para ser capaces de combatir el estrés. Cualquiera de los tipos de estrés puede ser perjudicial por lo que no lo debes dejar pasar.

El paso principal es que acudas a un especialista para descubrir qué es lo que te lo está provocando y cómo puedes ponerle remedio. De lo contrario, éste estará cada vez más presente en tu día a día llegando incluso a provocarte enfermedades más complicadas.

Si quieres mejorar tu nivel de bienestar, en TherapyChat podemos ayudarte. Somos el N.1 en psicología online y contamos con el mejor psicólogo para ti.

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