Yo no estoy loco, por eso voy al psicólogo

no estoy loco

Ir al psicólogo sigue teniendo un cierto estigma social, aunque algo está cambiando. La vinculación que se establece entre la salud mental y la llamada ‘locura’ hace que muchas personas sigan pensando que ir al psicólogo es un indicio de no ser «muy de fiar”.

Incluso quienes acuden regularmente al psicólogo tienen cierto pudor en comentarlo o reconocerlo. Es como si “esas cosas” tuviesen que quedar en el mayor de los secretos para que nadie sospeche de que puedan tener algún trastorno mental.

Cuidar la salud mental es útil para todos

Cada vez más personas afirman que ir al psicólogo es una costumbre saludable, que les ayuda a su desarrollo personal. Entre quienes no tienen reparos a la hora de contar su experiencia podemos encontrar todo tipo de perfiles: estudiantes, deportistas, empresarios, desempleados…

A continuación, te contamos una decena de testimonios de personas que van al psicólogo como una forma de mantener su salud emocional, entenderse mejor a sí mismos y  comprender a los demás. Nada que ver con esa visión distorsionada de que cuidar la mente es cosa de ‘locos’.

Voy al psicólogo y no estoy loco

El primer testimonio para saber en qué puede ayudarte la psicología online nos lo aporta José Manuel, un jubilado de 68 años, quien reconoce que le costó dar el primer paso porque tenía muy asociada la atención psicológica con los trastornos mentales graves y ahora ha descubierto consejos para cuidar la salud mental al igual que la física.

“Es cierto que, al principio, tenía cierto pudor porque no es algo que se vaya comentando por ahí. Al psicólogo va más gente de la que lo reconoce, pero aún da cierto miedo”, dice. “Lo que yo sabía de ir al psicólogo era lo que había visto en las películas: un diván y un señor tomando notas sin decir nada. Pacientes contando que oían voces o relatando sus sueños y luego el psicólogo le hablaba de líos con los padres o cosas así”.

Corrige la visión errónea del psicólogo

José Manuel refleja una idea muy común, que tiene que ver con la imagen del psicólogo freudiano interpretando las frases del paciente según la perspectiva psicoanalítica. El cine de los años cincuenta ayudó a crear esa imagen estereotipada de un tipo de psicología que no es científica, pero que hoy ya parece perder fuerza. “En realidad, me encontré con una chica joven que ahora me ayuda a ver la vida de otra manera. Me siento más útil a los demás y encuentro satisfacción en realizar pequeñas cosas a las que no daba importancia antes. Para mí, ir a las sesiones es casi como volver a estudiar, pero la asignatura soy yo”.

Una opinión similar es la de Ana, una mujer de 50 años que perdió su trabajo y ahora intenta reinventarse. “Mis amigas me animaron cuando les conté que quería ir a un psicólogo. Al principio no lo tenía muy claro, pero sentía que necesitaba una ayuda extra para afrontar esta nueva etapa de mi vida. No me dio miedo comentárselo a mi círculo más cercano, pero no es algo agradable de hablar, en general”. Para Ana fue más sencillo con sus amistades que con su familia porque “siempre parece que tienes que dar más explicaciones. En realidad, mi mente funciona bien, yo no estoy loca ni deprimida, ni tengo visiones. Lo único que pasa es que necesitaba apoyo profesional para encontrarme a mí misma. Eso es algo para lo que no es suficiente unas charlas con amigos y familiares”.

Otras formas eficaces de hacer terapia

Afrontar el vacío emocional y volver a disfrutar de la vida parecen deseos habituales. Otra opinión nos la ofrece una mujer casada y con dos hijos, que también necesitaba ayuda para sentirse mejor. “Yo tenía miedo a dejarme llevar y caer en un estado de ánimo bajo que pudiera llevarme a una depresión, para ser franca”, nos dice Teresa, de 43 años. Después de tener mi segundo hijo ya empecé a notarme algo desanimada, sin ganas de emprender ningún proyecto, sin interés por el mundo; no sé, ni tenía ganas de ir de vacaciones. Tanta pereza y desidia me llevó incluso a cansarme de mí. Y, bueno, pasaron cosas que me llevaron a buscar un psicólogo”.

Pero Teresa encontró una alternativa a la consulta presencial.

“En Internet encontré un psicólogo online que me ponía todo mucho más fácil. No necesitaba trasladarme, ni perder el tiempo en salas de espera. Para mí era el recurso perfecto, en mi casa, a la hora que mejor me venía, y la verdad es que me ha servido para ir encontrando sentido a las cosas”.

También parece que, en muchas ocasiones, el ritmo de vida más acelerado de lo que muchas personas pueden desear o soportar. Eso trae consigo algunos problemas emocionales, como nos cuenta Juan, un empresario autónomo de 54 años. “Lo que es de locos es la vida que llevamos, no ir al psicólogo”, critica. “Nos pasamos años formándonos para luego pasarnos años trabajando un montón de horas para mantener un determinado nivel de vida, aunque casi no podemos disfrutarlo. Yo creo que ir al psicólogo es una ayuda para no perder la perspectiva de lo que es importante y evitar el estrés cotidiano. Para no venirnos abajo por situaciones que creemos catastróficas o si nos surgen problemas en cadena. Como se suele decir, nunca vienen solos”.

Las cosas del amor

Son numerosos los temas a tratar en terapia online, en este caso el quinto testimonio también representa otro grupo de cuestiones muy habituales en las consultas psicológicas: el desamor. Javier tiene 43 años y vivió varios fracasos en sus relaciones sentimentales. Tras más de un año sin superar una ruptura de pareja, se preguntó qué estaba haciendo mal y buscó apoyo profesional. “Me sentía culpable, incapaz de entender en qué fallaba y de volver a intentar nada con otra mujer. Después de varias sesiones fui comprendiendo que mi error no estaba en cómo llevar la relación, sino en el elegir pareja. Por alguna razón me sentía atraído por chicas con las que no podría tener un proyecto en común porque teníamos muchas incompatibilidades. En esas cosas no me fijaba a la hora de plantearme tener una pareja estable, funcionaba casi como un adolescente, por pura atracción física. No creo que sea de locos ir a un psicólogo para aprender a relacionarte”.

Aprende a gestionar emociones

Cristina, una joven de 30 años que también estaba cansada y necesitaba detectar y abandonar una relación tóxica. Reconoce “Empecé a ir al psicólogo para tomar el control de mi vida sentimental. No creo que sea un trastorno mental, tiene más que ver con saber gestionar las emociones. Ahora soy mejor distinguiendo lo que me conviene de lo que solo me apetece en un momento específico. He aprendido a no buscar compromisos con quien no quiere comprometerse”.

Muchas personas centran su vida en lo que sienten por alguien y esta dependencia emocional causa mucho sufrimiento. “Nunca me había sentido tan poca cosa como cuando perdí a mi novio”, se lamenta Sonia, de 34 años. “Fui al psicólogo para ver si me podía dar algún tratamiento para calmar mi ansiedad. No dejaba de mirar el móvil esperando alguna señal. Pero claro, el psicólogo no da pastillas. Al principio creí que ir no servía para nada, porque no me ayudaba a calmar el dolor de la pérdida; en realidad, porque no me daba esperanzas de recuperarlo, que es lo que yo necesitaba. Poco a poco, el centro de las sesiones dejó de ser mi novio para ser yo misma. Empezaba a recuperarme”.

Escoger bien el psicólogo es clave

La psicología no ofrece esperanzas mágicas para satisfacer al paciente. Se buscan soluciones duraderas, cambios de actitudes y de conductas para ser más felices, pero sin dar falsas ilusiones.

Esta diferencia también la comprobó nuestro octavo testimonio, Carlos, un delineante de 28 años. “Acudir al psicólogo es más normal de lo que se cree, pero no todos son iguales. Es importante encontrar profesionales que se basen en teorías contrastadas, no en fuerzas cósmicas del universo ni hadas madrinas. Solo así te pueden ayudar de forma consistente, si quisiera explicaciones místicas iría a buscar un confesor. Yo cambié de psicólogo cuando me empezaron a hablar de terapias mágicas. Hay que elegir bien”.

La ayuda de un psicólogo puede mejorar tu calidad de vida

Los dos últimos testimonios también son muy terrenales. El primero de ellos, Luis, que buscó ayuda sencillamente para “ser más productivo en mis estudios”, reconoce. “Yo era un desastre en la organización de mi tiempo. Mis horarios de sueño estaban totalmente trastocados, mis comidas eran a cualquier hora. Mis horas de estudio eran infinitas, pero poco rentables. Fui al psicólogo para poner en orden mi vida cotidiana. Yo no veo nada de locura en eso”.

Una de sus amigas, Lucía, de 30 años, también se animó a probar con unas sesiones de psicología online. “Yo ni me lo había planteado. Nunca me gustó eso de contar mi vida a nadie. Pero es como si por Internet todo fuese menos embarazoso. Me suelto más y creo que me está siendo útil”. ¿Para qué? le preguntamos: “bueno, es para que me ayude a controlar mi peso y algunas cosillas más que tienen que ver con mis inseguridades, nada del otro mundo. Yo no estoy loca, solo quiero sentirme mejor”.

Como ellos, tú puedes empezar a mejorar tu vida desde este preciso momento. Simplemente tienes que dejar a un lado esas ideas preconcebidas de que el psicólogo es para los locos y confiar en un profesional que te ayude a conocerte más y a valorar tu día a día.

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